Adoro a Jaime Gil de Biedma. Fue un tipo que escribió muy poco, pero todo lo escribió bien. Hay en las librerías un volumen de sus obras completas que apenas ocupa nada. ¡Compradlo! No ocupa sitio en la estantería, ni adorna, pero es de esos libros extraños donde uno siempre pone el dedo.
Adoro a Jaime Gil de Biedma, con sus cuatro o cinco, o como mucho doscientas poesías en las que dice todo lo importante, también contra sí mismo. Escribe, por ejemplo: "y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios en donde el mal gobierno, la pobreza no son, sin más, pobreza y mal gobierno sino un estado místico del hombre, la absolución final de nuestra historia".
Somos, lo dice Gil, un país de mierda, de pobres, de hambre, de mendigos con ínfulas de idiotas. Somos un país que se lleva matando toda la vida. Que vive, desde el siglo XV, una guerra civil permanente.
"De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la España", escribió Gil, funcionario del Estado, tío abuelo de la tonta de Esperanza Aguirre, política idiota y pagada de sí misma.
Hoy el PP ha decidido boicotear al grupo Prisa en todos sus medios. No harán declaraciones, ni entrevistas, ni responderán a las preguntas de ningún periodista que pertenezca a ese grupo. Es una aberración nunca vista en Europa. Ni en democracia del mundo entero.
Así se escribe la triste historia de España. Este país que lleva cinco siglos en guerra civil permanente, contra los moros, contra los fueros, contra los gallegos, contra los barceloneses que apoyaron a los Austrias, contra todo lo que se mueva sin la bendición de esa cosa rara llamada España.
Hablan de la Guerra Civil. Como si este país no llevase cinco siglos en guerra civil. ¿Habéis leído a Valle? Pues eso. El carlismo, la Guerra de Sucesión, la Guerra de Independencia, la Reconquista... Todo en nuestra historia ha sido una guerra civil incesante... Que sigue. Que algunos quieren que siga... País de mierda!
24 mar 2007
22 mar 2007
Una oliva de Vigo
El olivo es el árbol que representa a Vigo. Aparece en su escudo, junto al castillo de O Castro, yun ejemplar de gran porte otea la ría desde el paseo de Alfonso. Vigo es la ciudad "olívica", por más que sea difícil hallar tal especie por estos pagos.
Se dice que la denominación rinde homenaje al árbol que, hace siglos, se levantaba ante la antigua iglesia de Santa María, hoy concatedral. Y en el barrio marinero de Bouzas aún se conserva un olivo en el atrio de la iglesia parroquial, en una estampa que debió se similar a la que en su día ofrecía la colegiata.
En Vigo casi no hay olivos y, tal vez por eso, pocos saben que en este puerto de mar, primero del muno en descargas de pescado fresco, las aceitunas nacen ya del árbol rellenas de anchoa. Tal peculiaridad botánica apenas ha sido estudiada, aunque diversos códices medievales, como el llamado "Libro de Horas de Doña Urraca" o el Beato de Liébana, ya citan esta singularidad con notable admiración.
Los romanos, amantes del "garum", aquella fuerte salsa fabricada con vísceras de pescado, consideraban las aceitunas de Vicus las más deliciosas del Imperio. De los siglos I al IV, se exportaron en ánforas Haltern 70 a todos los confines del Mediterráneo, donde se admiraban estos frutos rellenos de anchoa de forma natural, desde el mismo árbol.
En recuerdo de aquellas aceitunas nace este blog, La Sin Hueso, expresión con la que algunos también denominan a la lengua. Con ánimo de hablar de todo, y de darle sin descanso a ese músculo tan versátil, emprendemos hoy este camino que, como aquellas olivas de antaño, van desde Vigo al mundo entero.
Se dice que la denominación rinde homenaje al árbol que, hace siglos, se levantaba ante la antigua iglesia de Santa María, hoy concatedral. Y en el barrio marinero de Bouzas aún se conserva un olivo en el atrio de la iglesia parroquial, en una estampa que debió se similar a la que en su día ofrecía la colegiata.
En Vigo casi no hay olivos y, tal vez por eso, pocos saben que en este puerto de mar, primero del muno en descargas de pescado fresco, las aceitunas nacen ya del árbol rellenas de anchoa. Tal peculiaridad botánica apenas ha sido estudiada, aunque diversos códices medievales, como el llamado "Libro de Horas de Doña Urraca" o el Beato de Liébana, ya citan esta singularidad con notable admiración.
Los romanos, amantes del "garum", aquella fuerte salsa fabricada con vísceras de pescado, consideraban las aceitunas de Vicus las más deliciosas del Imperio. De los siglos I al IV, se exportaron en ánforas Haltern 70 a todos los confines del Mediterráneo, donde se admiraban estos frutos rellenos de anchoa de forma natural, desde el mismo árbol.
En recuerdo de aquellas aceitunas nace este blog, La Sin Hueso, expresión con la que algunos también denominan a la lengua. Con ánimo de hablar de todo, y de darle sin descanso a ese músculo tan versátil, emprendemos hoy este camino que, como aquellas olivas de antaño, van desde Vigo al mundo entero.
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