31 may 2007

Me he equivo... cowdo

La verdad es que me he equivocado. Creí, temí, que Corina Porro alcancaría la mayoría absoluta. Y los resultados demuestran que este idiota, que suscribe, estaba tan lejos de la verdad como todas las encuestas.

Yo le daba catorce. Y el Faro y la Voz le daban doce. Consiguió trece. Y me quedo bien contento de haber escrito, y sostenido en todas partes, que no iba a ser así.

Le faltaron muchos o algunos votos a Corina para ser alcaldesa. Pocos, si éramos de los locos, entregados a ella. Muchos, si nos atenemos a la cruda realidad.

Y es que Corina puede vender que ella sola, por su propio gancho, hizo subir al pepé en más de cuatro mil votos. Pero cuando dice eso no hace sino márketing.

Fue Corina, no lo olvidemos, quien como cabeza de lista llevó al PP al peor resultado electoral de su partido en Vigo en toda su historia. Diez. Diez. Y diez. Por si alguien no quiere tener memoria.

Fue Corina la que encabezó la última lista electoral del PP, que fue el mayor fiasco de la historia popular. Hasta Juan Corral, en 2000, sacó más votos y concejales que ella, en 2004.

Es por eso que su repunte, esos cuatro mil votos, hay que verlos en perspectiva. Lo cual, como viene siendo habitual en Vigo, no se hace, ni se ha hecho, mientras cada alcalde, y Corina especialmente, siga siendo aclamado por los palmeros de ciertos, de cierto, medio.

Ni Corina ha hecho nada especial ni es nada políticamente relevante.

Ha devuelto, simplemente, al PP a donde siempre estuvo, y a donde ella, como cabeza de lista, lo retiró.

Y si es verdad que fue una buena alcaldesa, que lo fue, si es verdad que en dos años hizo de Chema Figueroa un magnífico político, que también, y si es cierto que Javier Guerra es un brillante gestor, eso, todo eso, no nos impide decir que el mandato que ahora termina es poco menos que nada.

Al menos, no lo suficiente como para convencer a la gran mayoría de los vigueses de que hay que dar las gracias, y las damos, y las doy, por los servicios prestados, pero que somos muchos, muchísimos, los que hoy, los que ayer, y los que pasado mañana, seguimos queriendo un gobierno de izquierdas, de progreso, de vaya a saber usted qué coño significa esto, para esta, nuestra ciudad.

Hay medios, un medio, que ha cantado y palmeado todo lo que ha hecho Corina. Pero sus flores en el centro no valen nada cuando las comparas con lo que, por ejemplo, y sin que yo lo defienda especialmente, hizo Castrillo peatonalizando el Calvario. Aquello sí que fue política. Y audacia. No, poner en la Alameda cuatro maceteros. Pero, aunque estaríamos de acuerdo, no encontraríamos una luz, un faro, que estuviese de acuerdo.

Corina hizo bien su trabajo. Comprendió que lo que el ciudadano quiere es simplemente tener luz en las farolas, que salga agua por los grifos, que las calles no tengan baches y que alguien barra la mierda de todos los días. Además, ponía flores. Pero eso no es suficiente.

Gracias, Corina. Y gracias, Chema.

Que los que seguimos teniendo ideas, nos las conserven.

18 may 2007

Cowrina acojona al Naval

Ha terminado la huelga del naval, que nos deja dos imágenes impresionantes.

La primera, indignant, es el asalto a la sede de la Xunta, con miles de documentos volando por los aires. No seré yo quien me rasgue las vestiduras porque nuestros "señores del acero" quemen contenedores y ensucien las calles en sus manifestaciones. Destrozos mayores, más caros de limpiar y más costosos para el erario público, se producen en concentraciones de bastante menor trascendencia, como partidos de fútbol o procesiones del Cristo de la Victoria.

Hacer pintadas en un centro oficial o destrozar cuatro sillas puede parecerme grave, pero tiene solución tan sencilla como una mano de pintura o dejarse cuatro duros en el Leroy Merlin.

Otra cosa es lo de destruir expedientes públicos. Sin duda, los onagros que lo hicieron no pensaron que por el aire podría estar volando la vida de muchas personas. La pensión que solicita una señora, que podría ser su madre, la beca para una chica que podría ser su hija, la resolución de cualquier litigio que amarga a cualquier ciudadano y que llevaba años perdido en cualquier rincón de la burocracia autonómica.

Quieres hicieron esto demostraron muy poco cerebro, por mucho que pueda yo defender que el metal tenía que salir a la calle y hacer una huelga para que cuatro empresarios cazurros dejen de reírse de ellos.

Pero la segunda imagen impresionante de las protestas es otra, más amable: Las vacas.

¿Por qué mientras Urzaiz ardía, con varios contenedores en llamas en medio de la calle, seguía Cowlumbus señalando al Sireno?

¿No resulta extraño que cinco días de manifestaciones, protagonizadas por los destrozos, se saldasen con todas las vacas en pie?

Por una parte, esto lleva a sospechar que, cuando los dirigentes sindicales dan una consigna, ésta se cumple. Y parece obvio que hubo la orde de "no toquéis las vacas".

De otra, hay una conclusión de más hondo calado. Cowrina acojona. Que le tienen respeto, vamos. Que ni el Metal se ha atrevido a quemarle las vacas, que con cualquier otro alcalde habría sido lo primero en arder.

Es lo que ese fenómeno tiene de trascendencia política y de sondeo para la próxima semana lo que me ha dejado ciertamente helado. Digan lo que digan el domingo los sondeos, yo he visto en los contenedores ardiendo y Cowlumbus en pie la mayoría absoluta de Cowrina. Veremos.

15 may 2007

Elogio de la basura

La astrobiología, esa ciencia dedicada a buscar vida en el cosmos, proclama que el mejor indicador para determinar que hay vida inteligente en otro planeta es la emisión de basura. El genial Arthur C. Clarke, autor de “El centinela”, la obra que inspiró a Kubrick su “2001, Una odisea espacial”, iba más allá y proponía buscar planetas con un anillo orbital de desperdicios. Nada probaría mejor que en ese mundo se ha despertado la consciencia, una rareza biológica que es el paso previo a la inteligencia.
La Tierra, por lo visto, ha entrado ya en ese selecto club de planetas que cuentan con una buena costra de basura girando en torno a su atmósfera. Desde lejanas esferas, a millones de años luz, científicos alienígenas fijarán en sus telescopios sus ojos compuestos y constatarán que ese punto azul ha logrado ya el alto grado de progreso que permite cubrirse de mierda.
Con técnicas de radioespectografía, comprobarán que ya tenemos incluso agujero en la capa de ozono y que, entre todo el anillo de detritus, hay un punto más gordo que podría ser una estación orbital.
La calidad de la basura, por paradójico que parezca, es la señal de nuestro progreso. Un pueblo capaz de lanzar morralla al espacio es digno de toda admiración.
En realidad, para llegar a cualquier conocimiento, siempre revolvimos en la basura. Bajamos en Atapuerca a los pudrideros donde nuestros ancestros arrojaban a sus muertos. Hozamos en las Cíes en los yacimientos de conchas del paleolítico, que no eran sino los vertederos donde los hombres primitivos echaban la basura tras sus antediluvianas mariscadas.
De los animales, seguimos su rastro por las heces. Y, hasta ayer, la Medicina consistía más en leer los orinales que en cualquier otra forma de diagnóstico.
Por encima de la rueda y del fuego, la grandeza del ser humano está en la invención de la basura. Por eso en los países más atrasados apenas la producen, de forma que lo reciclan todo. Los niños que viven en los vertederos de Río no sólo son un indicador de miseria, sino que, eliminando basura, encarnan y amplifican la miseria misma.
Cuanto más basura produce una casa, más rica es. Las bolsas de los pobres huelen a plásticos de paquetes de salchichas. Mientras las de los ricos apestan a conchas de cigalas, patas de nécoras y cabezas de lubina.
Los jóvenes producen mucha más basura que los mayores. La viejecilla frente al contenedor siempre lleva una bolsita minúscula.
No es raro, pues, que Estados Unidos se niegue a firmar el protocolo de Kioto. Una gran potencia está obligada a demostarle al mundo no sólo que puede invadir cualquier país o que cuenta con la economía más poderosa, sino sobre todo que es capaz de producir mayor basura. Contaminar es una muestra de poder y de riqueza.
A tal punto es importante la basura, que los pobres se ven obligados a buscarla en la calle. Y revuelven los contenedores y papeleras, para tener sus propios desperdicios.
Este es el mundo en que vivimos. Por muchos humos que nos demos, somos pura basura.