29 nov 2007

El gobierno de la momia

En contra de lo que algunos creen, los egipcios no estaban gobernados por las momias, sino por los faraones. Eran éstos unos tipos jóvenes y despiertos, de sano aspecto, como Akenatón o Cleopatra, y con la lucidez suficiente como para forjar un imperio próspero y extenso, que se entretenía haciendo jeroglíficos. Hace cuatro mil años, fueron los faraones —y no las momias— las que hicieron grande a Egipto. Hecha esta advertencia, regreso de las vacaciones con la noticia de que El Cairo ha prohibido a unos egiptólogos ingleses excavar en la pirámide de Keops, donde dicen tener localizada la cámara funeraria original del ilustre monarca. Los egiptólogos, como los hispanistas, son británicos y se cree que el veto pueda responder a un cierto chauvinismo, el cual, por su parte, es francés.

Es por ello que los gallegos tenemos aquí nuestra oportunidad. Pueblo amante de las momias, Galicia podría convertirse con facilidad en una potencia en egiptología. Mientras que, sin duda, les resultaríamos mucho más simpáticos a las autoridades de El Cairo.

Múltiples lazos nos unen a los súbditos Mubarak. Basta explicarles que, allá donde ellos tienen un Nilo, acá tenemos nosotros un Miño. Allí donde construían ellos sus pirámides, acá levantábamos nosotros hórreos majestuosos. Mientras que, si bien tienen ellos un estupendo Valle de los Reyes, pronto tendremos aquí nosotros una hermosa Ciudad de la Cultura, en la que llevamos enterrados decenas de miles de millones.

No sabiendo qué hacer con tan mastodóntica obra, se va retrasando su ejecución, al tiempo que se demora decidir sobre sus funciones. Así, para cuando se inaugure, es posible que la Ciudad de la Cultura ya no sirva sino para hacer excavaciones, como en Egipto.

"Mira, un martillo neumático de finales del siglo XX", dirá el arqueólogo asombrado, trabajando ya desde el día siguiente de la inauguración.

Es lo que pasará también con el AVE. Que, para cuando llegue a Galicia, ya sólo servirá como curiosidad turística. Para esa fecha habrá ya otros avances, y como tecnología obsoleta, se dedicará a giras pintorescas, como el Tren de la Fresa de Aranjuez.

Todas estas desgracias, que nos hermanan con Egipto, tienen sin embargo una fácil explicación. Tal vez los actuales faraones no sean muy eficaces, pero el verdadero problema --y lo siento por los seguidores de Feijoo-- es que durante demasiados años nos dejamos gobernar por la momia.

Hay alguien ahí?

Si aún hay alguien ahí, se piden mil disculpas. Por causas ajenas a la voluntad del autor, y achacables a Internet Explorer, este blog ha permanecido inactivo más de un mes.

Mozilla ha venido a salvarme.

Desde hoy, si Bill lo permite, regresamos a la actividad diaria y, muy pronto, anunciaremos un nuevo blog hermano, dedicado a analizar --sesudamente-- las grandezas de los medios de comunicación, principalmente gallegos.

Seguiremos informando.

Gracias

4 oct 2007

La garrota teledirigida

Cuando el hombre de las cavernas quería hacer política entre sus vecinos, cogía un garrote y aplicaba su criterio por mayoría absoluta. En esto consistía, en la Prehistoria, el arte de gobernar.
Lo sorprendente es que hayamos cambiado tan poco. Si pudiésemos comparar hoy la imagen del troglodita del mamporro con la del Bush del Tomahawk, descubriríamos que lo único que ha evolucionado es el mamporro.

Uno y otro, coman en el Mac Donalds o en el Mac Mut, presentan un cerebro similar y, además, piensan lo mismo: La política debe imponerse a los vecinos a garrotazos.

Visto, pues, que mentalmente no hemos mejorado nada, hay que convenir que, en lo restante, hemos empeorado mucho. Con permiso de Darwin, habrán evolucionado otras especies pero, lo que es el ser humano, ha ido para atrás.

Si ponemos a Bush frente al cavernícola, las apuestas por el primerose pagarían doce a uno. Baste decir que el presidente de los Estados Unidos puede morirse tosiendo con una galletita, mientras nuestro antepasado peludo se comía las centollas con cáscara.

Visto el detalle, no sé quién nos mandó salir de la preshistoria. Esa época en la que los violentos se las tenían que ver cuerpo a cuerpo y con hacha de sílex. No, mandando a la tropa a que se mate por uno mismo.

Porque, no habiendo evolucionado en nada, lo único que hemos avanzado en estos siglos es que los peores de nosotros siempre se quedan en la retaguardia, atusándose el bigotillo.

Se han muerto en Irak los marines, las ratas del desierto, la guardia republicana, los niños y los ancianos. Pero Bush, Blair o Aznar se quedaron en su cueva.

Porque la guerra de hoy se hace a base de Tomahawks, que es como si en la Prehistoria el cavernícola le diera a un botón y saliese volando la garrota desde la caverna a arrear guantazos.

Pero, hoy en día, en los albores del siglo XXI, sigue muriéndose la gente personalmente. Y gobernando nuestro jefes con la garrota absoluta. Los únicos que quedan a salvo son los que arman el lío, lo cual viene ocurriendo desde que Paris raptó a Elena y armó la de Troya.

Es por ello que urge volver a la caverna. Nada sería más satisfactorio que ver a Bush pegándose personalmente con Kim Il Yong o con Ahmadineyad, armados todos sólo con estacas. El vencedor impondría sus tesis, en lugar de mandar a otros a que las defiendan por ellos en el campo de batalla, luchando por algo en lo que probablemente no creen.

En nuestra infinita bondad, a cambio de que fueran ellos, los que la arman, a matarse en persona, pagaríamos por la visión televisiva del combate. Y, con los beneficios publicitarios, estaríamos encantados de pagar después la reconstrucción de sus chichones en Corporación Dermoestética. Pa que no se quejen.

20 sept 2007

Mi colon cuida de mí

Mi colon cuida de mí. Y, en justa correspondencia, yo le echo de comer todo tipo de bifidus, lactobacilus, bacterias prebióticas y fibra, mucha fibra, para ser regular como José Coronado, el de “Activia”, el español que caga con más puntualidad de todo el país y, además, presume de ello con media sonrisilla, mientras se empapuza de yogures con salvado y lecticina de soja.
Yo no sé si estamos ya locos, o vamos camino de ello. Pero me niego a preguntar cómo influye el ácido Omega 3 y Oleico en la salud de mis arterias. Que tampoco sabría a quién hacerle la pregunta, por mucho que me lo recomiende el anuncio.

Nunca estuvimos tan preocupados por nuestra alimentación y jamás, tan duchos en nombres de bacterias, enzimas y ácidos grasos. Ganas tengo de que salga un yogur que anuncie que sabe bien, en lugar de que lleva un microbio que se come el colesterol malo.

No sé ustedes, pero yo estoy aburrido de estos anuncios que, para colmo, se multiplican en verano. Como el sol llama a las playas, la gente anda loca con la línea. Y hasta con la Vitalínea.+

Ves a los amigos por la calle, con esa cara de mustios, y ya te puedes esperar su respuesta: “Es que hace tres semanas que hago régimen”
—¿Y cuánto has perdido?
—Tres semanas.

Anda el populacho cebándose de bifidus y, para colmo, haciendo dietas. Y, como el hambre aguza el ingenio, diversos nutricionistas locos, ocultos en sus laboratorios secretos, traman terribles torturas que se anuncian como infalibles: La dieta del apio, la del pomelo, la del ajo... Diseñadas todas para provocar insufribles padecimientos a quienes las practican, al tiempo que los convierten en adeptos. Porque, más que hacer dieta, la gente parece que haya entrado en una secta. Que aprovechan la mínima ocasión para hacer apostolado de su sistema: “¿Has probado la de la zanahoria?”, te sueltan, ilusionados con ganar a otro pardillo.

Esta temporada, la dieta de moda dicen que es la del huevo. Y puedes comer huevo duro, huevo frito, tortilla de huevo y revuelto de huevo. Y, funcionar, funciona. Aunque acabas hasta los huevos.

“Cuida de tu colon para que tu colon cuide de ti”, dice estos días el anuncio de una bebida “prebiótica”. Y estás en el sofá, y te parece que tengas la tenia. Que te miras la barriga y piensas: “Ahí adentro... ¡Hay un colon!” Y ya te crees que vaya a salir en algún momento, como “Alien”.

Yo tengo miedo del colon últimamente, por culpa del anuncio. Y me da remordimientos haberlo cuidado tan poco hasta la fecha. Anda uno a tantas cosas en la vida, te lían tanto en el trabajo, tienes tantas preocupaciones, que te puedes estar olvidando de tu colon. Y, claro, no te enteras hasta que el colon ya es mayor y está ahí adentro, resentido. “Nunca me diste bebidas prebióticas”, nos diría si pudiera hablar. Que en realidad, nos habla, a través de los anuncios...

Pánico da todo esto. Pero conmigo que no cuenten. Siempre elegiré huevos fritos con chorizo. Lo siento por ustedes. Yo seguiré comiendo lo que me salga de los bifidus.

17 sept 2007

El palleiro del espacio

El primer ser vivo que abandonó el planeta Tierra fue un “palleiro”. La pequeña Laika, que en ruso significa “ladrido”, callejeaba por las calles de Moscú en verano de 1957, cuando la recogieron unos científicos del centro espacial Koroliov. La perra abandonada, sin raza conocida, pasó de revolver en las basuras y correr tras los ladas oxidados a ser entrenada como la primera cosmonauta de la historia, en la Ciudad de las Estrellas de Baikonur.

Durante tres meses, Laika se sometió a electrodos y centrifugadoras y convivió con la ingravidez artificial sin entender nunca nada.

El 3 de noviembre de 1957, la montaron en el “Sputnik II” y, a la velocidad de escape, fue alzada al cosmos por un cohete. El satélite, el segundo de la historia, pasó medio año orbitando hasta que se desintegró contra la atmósfera. Pero “Laika” murió por la taquicardia provocada por el pánico sólo cinco horas después del lanzamiento. Había dado cuatro vueltas al planeta. Y su sarcófago tecnológico siguió dando otras 2.566 hasta su destrucción.

La noticia acaba de revelarla Dimitri Malashenkov, del Instituto para los Problemas Biológicos de Moscú. Hasta ahora, se creía que la palleira Laika había vivido diez días y que su muerte se debió a un gas letal que los samaritanos científicos soviéticos liberaron en la cápsula para ahorrarle sufrimientos.

Malashenkov participó en la organización de aquella misión y sólo ahora, casi medio siglo después, ha reconocido la verdad. En el Lindon B. Johnson Center de Houston, el científico ruso reconoció que aún tiene pesadillas con Laika. “A medida que pasa el tiempo, más me parece que no debimos haberlo hecho”, dijo a sus colegas de Estados Unidos hace unos meses.
En memoria del primer bicho espacial, Rusia inauguró hace dos años un monolito en Kaliningrado, junto a las estatuas de todos los héroes espaciales soviéticos. Los turistas ponen hoy flores sobre esta tumba virtual.

Después de tantos años, Laika recibe su homenaje. Y Malashenkov sigue soñando con la pobre perra.

Por eso, tal vez algún día habrá quien se arrepienta de todas las monstruosidades que los laboratorios cosméticos practican sobre cobayas y simios para probar nuevas cremas antiarrugas.

Puede ser ahora cuando lleguen también otros arrepentimientos. Como los de los responsables de circos y zoos, instituciones donde se enjaula a los animales y se les maltrata aún sín esta intención.

Mientras siga habiendo animales salvajes en cautividad en los parques zoológicos, seguiremos cometiendo un crimen. Esos leones tristes, esos tigres deprimidos y esos chimpancés locos tienen derecho a gozar de su planeta. Encerrarlos en un recinto es tan cruel como mandarlos al cielo en un Sputnik.

7 sept 2007

Marina D´Or

Antes, si te portabas bien, ibas al Cielo. Pero, actualmente, si eres bueno, irás a Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones.
En la Edad Media, al siervo trabajador y obediente se le prometía felicidad en la otra vida. La Iglesia vendía la vida eterna con un completo equipo de marketing, donde no faltaban cruzadas, bulas, quema de herejes y “superproducciones” en piedra como el Pórtico de la Gloria, donde el gañán de la época admiraba a quienes conseguían entrar en el Reino de los Cielos, y se apiadaba de los que eran torturados en el Infierno por las fuerzas del mal.
Fruto de esta formidable operación de mercadotecnia, los siervos de la gleba daban su existencia terrenal al señor feudal y fertilizaban con su sudor las tierras de otros, en la confianza de un pago en la ultratumba.
Cinco siglos después, el laicismo ha quebrado este sueño. Hoy, si trabajas como un negro, si obedeces, si te pliegas por completo al sistema, no irás al Cielo, pero algún día encontrarás la felicidad en “la mayor colonia de vacaciones de Europa”, donde los jubilados se compran pisos y disfrutan “del mayor balneario científico de agua del mar de Europa”.
Si usted, distinguido lector, es cinéfilo, analice con detenimiento los anuncios de Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones, ese paraíso alicantino. Observe a Anne Igartiburu en la pantalla de su televisor cuando proclama: “¡Vacaciones todo el año!” Sin duda, no tardará en descubrir que usted ya ha visto esto antes, aunque tal vez no sepa dónde.
La respuesta al enigma está en la película “Blade Runner”, joya de Ridley Scott basada en un relato del genial Philip K. Dick. Mientras Deckard(Harrison Ford) persigue “pellejudos”, inmensas pantallas exhiben en los edificios la frase “Off World”. Una lejana megafonía se dirige sin descanso a los atribulados habitantes de Los Ángeles en el año 2019. El mensaje se escucha muchas veces en la película y reza: “Una nueva vida le espera en las colonias del Mundo Exterior; la ocasión de volver a empezar en una tierra de grandes oportunidades y aventuras”.
Los anuncios, el ficticio y el real, son exactamente iguales. Porque Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones es el nuevo Sangrilah, es “La Isla” que le prometen a Ewan MacGregor en la flojísima película de la deliciosa Escarlett Johansson, es el “santuario” de La Fuga de Logan, es el sueño de “Total Recall”, que usted recordará perfectamente: “Cielo azul en Marte”.
La ciencia-ficción se hace realidad a una velocidad de millones de parsecs por segundo. Y, 22 años después de 1984, vivimos rodeados de cámaras que todo lo vigilan, un estado que nos prohíbe hasta fumar, perros con microchip y código de barras hasta en el papel higiénico.
Lo que no sabíamos es que también nos iban a ofrecer el cielo. Se trata de Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones. Si es usted bueno, si se porta como debe, si se adapta, cumple, obedece y prospera, tal vez pueda adquirir una vivienda en este paraíso terrenal donde disfrutará de un gozoso retiro.
Mientras Deck busca a sus replicantes, una nueva vida espera. Son las Colonias del Mundo Exterior, Oropesa del Mar, sin número.

24 ago 2007

Soy un filántropo

A riesgo de parecer inmodesto, confieso que soy fumador. Ya sé que no debe utilizarse un artículo para el autobombo, pero no me resisto a declarar que consumo más de dos cajetillas diarias.
Pueden llamarme vanidoso, pero les diré que no sólo tengo este buen hábito, sino que hay gente que, por halagarme, dicen que fumo como un carretero o me comparan con una chimenea. Intento yo no hacer caso de estos elogios, y hacer una vida normal, sin que se me suba a la cabeza mi tabaquismo.
Porque soy fumador y, desde que el Gobierno ha aprobado financiar la Sanidad subiendo los impuestos que gravan el tabaco, me siento un prócer, un filántropo, un fomentador.

Mucha gente, que antes despreciaba a los fumadores, los señala ahora por la calle: “Mira, Pepito, aquel señor que va por allí es un fumador”, le dice el padre a su hijo. El niño queda admirado.
Vas ahora fumando por la calle y te dan ganas de llevar sombrero de copa e ir saludando a los viandantes. ¡Cómo te miran! ¡Con qué agradecimiento! Bien saben ellos que nosotros, con nuestro hábito, estamos levantando el país.

Después de tantas persecuciones, es hora de presumir. Porque dan ganas de ir a los hospitales a chulear. Entras en el Xeral, fumando un puro, y te vas directamente a los operados de apendicitis. ¿Qué, le tratan bien, buen hombre?, le preguntarás al paciente, entre bocanada y bocanada. Porque sepa usted que, esa operación de usted, se la pago yo..., le insistirás. Al salir del cuarto, ordenarás al ATS: Que no le falte de nada a este señor...

En la puerta de visitas, te bastará ir fumando una faria para que te dejen entrar sin pase. Como si fueras donante de sangre. Adelante, adelante, está usted en su casa de usted, señor fumador, te dirá el celador. Y tú allí, echándole el humo en toda la cara, mientras los familiares de la sala de espera se te acercan: Gracias, gracias, señor fumador, lo que usted está haciendo por nosotros...

Ser fumador pronto habrá que reseñarlo en el curriculum. Y hacerse tarjetas de "Fumador empedernido", que ya es como tener un máster.

Le estamos pagando la Sanidad a todos los españoles y ha llegado la hora de enorgullecerse. Es por ello que no se entiende que el Gobierno haya prohibido fumar en los puestos de trabajo. ¿No se dan cuenta de que, con esas restricciones, podría ser que fumásemos menos? ¿Cómo, entonces, íbamos a poder financiar nuestro sistema público de salud?

Algunos tenemos que llevarnos deberes para casa y fumar de madrugada lo que no pudimos en el trabajo. Todo para que no le falte una operación de anginas o de varices a quienes las necesitan.

Creo yo que esta prohibición ha tenido que ser dictada por los típicos fumadores pasivos. Ya saben a qué me refiero... Esa gente insolidaria, que fuma, pero de gorra, sin pagar un duro, y no contribuye a financiar nuestro sistema estatal de salud. Por su culpa, muchos tenemos que fumar más del doble de lo que quisiéramos. De hecho, hay momentos en que yo, sin apetecerme, me fumo algún pitillo: "Este --digo-- para los fumadores pasivos".
Unos aprovechados son estos señores, que además aún se quejan... Si todos fuéramos como ellos, ¿quién iba a pagar la Sanidad?
¡Qué bonito es ser fumador pasivo y que toda esa gente fume para ti! Y, luego, aún querrán operarse de algo... Aunque por mí, que se operen. Los filántropos somos así.

20 ago 2007

Romanos visionarios

Desde que, en 476, fue depuesto Rómulo Augustulo el mundo no ha dejado de empeorar. Rendido nuestro Imperio a las hordas germánicas, la decadencia se instaló sin remedio, pese a cierta apariencia de progreso técnico y científico. Cierto que hoy surcamos el cielo en aviones o podemos poner a un hombre en la Luna, pero cuando los romanos hacían un acueducto en Segovia, éste perduraba durante siglos, mientras que cuando hoy hacemos un túnel del metro en Barcelona, media ciudad se viene abajo.
El Coliseum de Roma tal vez no podrá compararse con el estadio do Dragão o el Nou Camp, pero lleva en pie dos mil años, sin que, como Wembley o Heyssel, deba ser demolido por problemas de aluminosis o fatiga de los materiales. Estos toscos ejemplos demuestran que los romanos hacían las cosas mucho mejor que nosotros.
Buena prueba de ello la encontramos en Vigo, ciudad que durante el Imperio era una pequeña villa llamada, muy probablemente, Vicus Helleni. Aquellos vigueses romanizados se dedicaban al comercio y a la pesca, actividades que alimentaban una poderosa industria de la salazón que exportaba pescado a Lusitania y aun a la Bética.
Vestigios arqueológicos en el centro, ánforas descubiertas en la Ría y los tanques de salazón hallados en Alcabre y Mirambel, dan fe de aquel poderío .
Sin embargo, lo más asombroso de aquella época es el carácter visionario que tenía este pueblo. Capaces de leer el destino en el vuelo de los pájaros, asesorados por toda suerte de augures, los romanos lograban algo verdaderamente sorprendente: Sólo construían en terrenos que, dos mil años después, fueran a ser de propiedad pública.
Este fenómeno, no suficientemente estudiado, explica por qué las salinas, los tanques de conserva, los mosaicos y, en definitiva, casi todos los restos arqueológicos que hoy conocemos en Vigo hayan sido descubiertos en obras para administraciones públicas.
Así ocurre, por ejemplo, con la importante villa y fábrica de salazón hallada cuando se construía el centro de salud de Rosalía de Castro.
¿Por qué apareció ahí y, sin embargo, no se encontró un solo resto arqueológico en las obras del vecino aparcamiento subterráneo? ¿Por qué no se conoce una moneda, un ánfora, el resto de un muro, un castro encontrado en los muchos edificios de nueva planta de la zona? La respuesta es obvia: Los romanos ya sabían, cuando construían, qué terrenos iban a ser públicos en el futuro y, no queriendo comprometer a los promotores inmobiliarios, se cuidaban de levantar sus casas, monumentos o fábricas en fincas que, el día de mañana, fuesen urbanizaciones privadas.
Es así, también, cómo ha aparecido un completo poblado romanizado bajo el Museo del Mar, en Alcabre, y jamás se ha encontrado nada en las obras de los numerosos chalés privados contiguos a este edificio.
Sabiendo que la futura ley obligaría a los constructores a hacer catas arqueológicas o a parar sus obras para rescatar restos valiosos, los romanos elegían las fincas con esmero y sólo construían en solares que, en el futuro, fuesen colegios, centros de salud, museos o delegaciones de ministerios.
A la espera de que los ciéntíficos hagan un estudio más prolijo del fenómeno, quedamos de nuevo maravillados con el carácter visionario de nuestros antepasados.
A un tiempo, entendemos que los inspectores de Patrimonio ya debían conocer de antiguo esta curiosa cualidad de los romanos, habida cuenta de que nada despierta sus sospechas.

15 ago 2007

La ISO 400.000

Andan encantados los paleontólogos de Atapuerca porque han encontrado un hacha de hace cuatrocientos mil años. Y es normal. Porque si te la compras en Leroy Merlin no te dura ni mil. Tras tanto hablar de la fiabilidad japonesa o alemana, la verdadera calidad hay que buscarla en los trogloditas. Si el hombre de las cavernas fabricaba un hacha, ésta se conservaba cuatro mil siglos, sin necesidad de sellarle la garantía. Y desde entonces, desde aquel oscuro albor de la Humanidad, todo ha ido a peor.

Cierto que Atapuerca debía ser la Nueva York del Paleolítico. Que por la cantidad de fósiles allí encontrados, aquello debía ser la meca de la Edad de Piedra. Y que debían llegar "homo habilis" de todo el mundo para ir de compras de abalorios y taparrabos, salir a cenar a un Mac Mut o acudir a la caverna a ver pinturas rupestres como hoy se va uno al Guggenhein o al MOMA.

Pero, aunque no lo parezca, algo ha cambiado en los últimos cuatrocientos mil años. Y es, fundamentalmente, la calidad. Porque en lo que te compras en la Nueva York de hoy sabes que no te durará ni diez años. Si es ropa, en un verano habrá pasado de moda. Y si es un artilugio tecnológico cascará antes de pasados cinco.

Por poner un ejemplo, mi compañía telefónica me llamó el pasado martes sugiriéndome cambiar de móvil. Lo que me lleva a pensar que mi teléfono se estropeará en los próximos días. Según supongo, los celulares son fabricados para que tengan una vida limitada, al objeto de que haya que comprar uno nuevo cada cierto tiempo. Una amiga me confirma que los electrodomésticos de gama blanca, como lavadoras, lavaplatos y neveras, son diseñados para que no duren más de diez años. A partir de entonces, comienzan a dar problemas.

Nos venden, por tanto, productos deliberadamente defectuosos. En sus tripas, habita una bomba de relojería. Y, en un tiempo más o menos fijo, compraremos otro, ya que las compañías se encargan de que el arreglo sea casi más caro que la sustitución.

A esto, en el Paleolítico, lo llamarían estafa. Y el troglodita se presentaría en casa del fabricante de puntas de flecha para poner el gruñido en el cielo.

Pero hoy, no. Actualmente, todo está permitido, si da beneficios. Y al igual que en Atapuerca puede encontrarse un hacha de hace cuatro mil siglos, o aún hoy podemos hallar una espada romana, veo difícil que dentro de doscientos años quede algún resto de un teléfono móvil. Vamos a peor, no hay duda. Está claro que, hoy en día, nadie aprobaría la ISO-400.000.

6 ago 2007

Mentiras sobre la Luna

Las empresas de sondeos, entendidos como “de opinión”, y no los que realiza Pilotes Posada, están empeñadas en decirnos qué piensan los norteamericanos. Vivimos bombardeados por estadísticas sobre la posición de los yanquis ante guerras, conflictos y debates. La opinión del estadounidense se sondea minuciosamente y se nos sirve al mundo para que espejemos en ella nuestras propias ideas. Nadie sabe qué piensan los daneses o los filipinos, pero todos sabemos las creencias que cimentan la vida del último granjero de Arkansas.

Gracias a esta obsesión estadística, nos alarmamos de que los yanquis no sepan cuál es la capital de España. Cuando los españoles no sabemos en qué estado se enclava Nueva York, cuál es su capital, o qué significan las siglas D.C. que acompañan al nombre de Washington. La ignorancia de los demás da mucha risa, mientras la nuestra es siempre perdonable.

Una de las estadísticas más sorprendentes es la que dice que casi la mitad de los norteamericanos no cree en la evolución de las especies. Para ellos, las teorías de Darwin son puro cuento, al punto de que hasta los años setenta estaba vetada su enseñanza en la mayoría de las escuelas del Medio Oeste. Los americanos no creen en esto. En que el hombre venga del mono y, algunos, los sábados por la noche, incluso del anís del Mono.

Pero la última encuesta de los EEUU ha logrado movilizar hasta a la NASA. Buena parte de los americanos no se creen que el hombre haya pisado la Luna. Consideran el programa Apollo un montaje de la CIA. Y que el gran paso de Neil Amstrong fue grabado en un estudio de televisión.

Cierto que, aquí mismo, en Galicia, hay muchos abuelos que comparten esta teoría. Pero en Houston han decidido que tienen un problema. Y han encargado a reputados expertos que demuestren que la Luna ha sido ya pisada por el hombre, a la espera de que algún día la pise también la mujer. La cosa es pisar, como se observa, que es lo que es lo que nos gusta hacer cuando llegamos a nuevos territorios.

Lo curioso es que tanta gente no se crea que hemos llegado a la Luna y que fuesen tantos los convencidos de que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva. El tirano iraquí tenía un arsenal jamás visto, sin que nadie entre quienes inventaron tal patraña haya pagado con su cargo por mentir con resultado de guerra .

Tener armas de destrucción masiva era algo gravísimo, que el difunto de Sadam no tenía, mientras que Pakistán, por ejemplo, bruñe sus bombas atómicas con el beneplácito internacional, a la espera de que la atrabiliaria política de la Casa Blanca lo convierta en enemigo en un futuro.

Mejor nos iría a todos si los esfuerzos por convencernos de que el hombre pisó la Luna se empleasen en conseguir que no vuelvan a engañarnos con patrañas. Y, menos, con el propósito de que nos postremos ante el ara de Marte. La del dios, claro, no la de ese planeta al que un día llegaremos, aunque no se lo crea nadie.

30 jul 2007

¿Te gusta conducir?

Cuando el ser humano se sube a un coche experimenta el proceso inverso de la mariposa: se convierte en un capullo. Basta tomar el volante y meterse en el tráfico para que te conviertas en un energúmeno. Los niños, antes incluso de que sepan que los reyes son sus padres, saben que son unos maleducados. Tras tanto contener tacos y barbaridades en casa, los llevan un día en coche y descubren al animal que les dio la vida. Chavales he visto tapándole los oídos al Power Ranger mientras su progenitor insultaba a gritos al taxista de al lado. ¡Qué léxico! ¡Qué palabras! ¡Qué riqueza linguística descubre el niño en ese momento precioso en que su padre se convierte en un vulgar conductor!

Soy de los que cree que si Benedicto XVI va en “papamóvil” no es por comodidad, sino para preservar su santidad. Porque si, en lugar de ir en la urna de marras, se pusiese al volante, no tardaría cinco minutos en convertirse en un monstruo. “¡Berzotas! ¡Inútil! ¿Dónde compraste el carné; en una feria, gilipollas?”, diría el Papa con el brazo por la ventanilla, hecho un basilisco. Y, no. El Santo Padre no está para ir por ahí mentándole a la gente a la santa madre. Por eso lo llevan en escaparate, como a los maniquíes de El Corte Inglés. Para que no se sulfure.

Conducir cambia a la gente. Por mucho que BMW se empeñe en convertirlo en un placer, lo cierto es que es un peñazo.

Ponerse al volante, por muy bucólico que lo pinten, es un tedio insoportable. Elton John, por ejemplo, acaba de poner a la venta su gran colección de automóviles. Y, ante la foto de los modelos deslumbrantes, algunos amigos se ensoñaban con la posibilidad de conducir alguno. El Lamborghini, el Ferrari, el Chevrolet... pura vulgaridad, en mi opinión.

A mí, lo único que me interesaba de la estampa era el Rolls Royce, y no porque naciese para rico, siendo pobre. La ventaja del Rolls es que te llevan, que no lo conduces, que para eso ya está Basilio, James o Ambrosio, que además te saca el surtido de Ferrero Rocher.

Elton John colecciona coches pero no tiene carné de conducir. Eso, en mi opinión, es inteligencia. Ponerse al volante es una ordinariez. Que, además, nos vuelve ordinarios. Lo elegante, lo fino, es tener auriga, cochero o chófer. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. Por mucho que BMW repita su pregunta: "¿Te gusta conducir? Pues la respuesta es no. Y no sólo por comodidad. Para que no se me agrie el carácter.

24 jul 2007

La "teletubbie" de Neutrex

Recién aprobada la Ley de Igualdad, resulta que las mujeres no sólo no tienen más presencia en los consejos de administración, sino que su peso específico está en franca decadencia. Un informe de El País asegura que, en lo que va de año, se han caído un 20% de las señoras que ocupaban una silla en los consejos de las empresa del Ibex 35.

La cruda realidad se resume en el anuncio de Lejía Neutrex. Una señorita disfrazada de la princesa Amidala aparece en una cocina donde unos señores intentan poner una lavadora. Luego, como si fuera el Arcángel San Gabriel, proclama: “Vengo del futuro a traeros la solución en blancura”.

Ante semejante aparición mariana, la pareja no se altera en absoluto. Antes al contrario, toman el bote de lejía con grandes sonrisas y lo echan a la lavadora, como si fuese lo más normal del mundo.

Semejante comportamiento nos lleva a una primera conclusión: Los anuncios de detergentes y las películas porno las hacen los mismos guionistas.

La segunda evidencia resulta más preocupante. Es cierto que alguien viene del futuro para traernos la solución en blancura. Pero, ¿quién viene? Pues una mujer.

En el futuro, según Neutrex, podrás teletransportarte, viajar en el tiempo y vestirte de “teletubbie”. Pero las mujeres seguirán siendo las que ponen la lavadora.

Si nos fiamos de los augurios de Neutrex, la marginación femenina será tan inamovible como eso que sufren las mujeres cada cuatro semanas y que les resulta tan molesto. Ya saben, eso tan desagradable que padecen una vez al mes y les pone de tan mal humor...

Me refiero, por supuesto, a firmar la nómina, que según el Instituto Nacional de Estadística, en España sigue siendo un 30 por ciento más baja, por el mismo trabajo, para ellas que para ellos.

Hay quien, ante estos datos, pone el grito en el cielo. Pocas familias pueden contarse en España que no consideren que la mujer debe ser retribuida igual que el hombre por el mismo trabajo. Exigirle al empresario, al político o al prójimo en general suele ser bastante sencillo.

Lo malo es que la brecha salarial ya se arrastra desde el propio hogar. La pasada semana, leyendo un estudio sociológico sobre el botellón en Galicia, descubrí que las adolescentes reciben un 30 por ciento menos de paga semanal que los adolescentes. Es decir, ya en las mismas familias, que a veces protestan, se considera enteramente normal que los chicos —sin duda más derrochadores—, tengan más dinero en el bolsillo que las chicas. Ellos, pensarán los padres, al fin y al cabo están obligados a invitar. Y ellas, a ser invitadas.

O sea, que en casa, en la comida, se comenta lo feo que está que las mujeres cobren menos. Y luego, el domingo, a la nena, se le da menos paga. Si yo fuera tía es que me echaba al monte, si no fuera porque me temo que incluso allí me encontraría la teletubbie que viene del futuro a traerme la lejía para la colada.

8 jul 2007

Morirse de lujo


A la pregunta de dónde preferiría que viajase su alma tras morirse, Groucho Marx no sabía dar una respuesta precisa: “Iría al Cielo, por el clima; y al Infierno, por las compañías”. Pese a que soy un completo descreído, comparto plenamente las ideas del cómico estadounidense. No tengo claro dónde deseo que vaya mi improbable alma, pero dudo también qué futuro será el mejor para mi cuerpo.
Leo en el diario que una empresa británica ofrece convertir las cenizas de tus seres queridos en una especie de diamantes falsos, que puedes conservar como objeto decorativo o lucirlos en las fiestas más selectas.
Otro artículo reseña que la Agencia Espacial Rusa (el mítico consorcio Energía) propone, a cambio de una millonada, poner tus cenizas en el espacio, donde serán dispersadas y, antes o después, caerán sobre la atmósfera formando, en las noches claras, bellísimas estrellas fugaces.
Ambas ideas me resultan francamente horteras. No veo honorable convertir al abuelo en bisutería, mientras que el polvo cometario que forma las lluvias de estrellas de las Leónidas o las Perseidas perdería toda su magia al estar mezclado con el fémur pulverizado de la tía Secundina.
Cierta leyenda urbana apunta a que Walt Disney ha sido criogenizado y que su cadáver se conserva ultracongelado como si fueran palitos de merluza del Capitán Pescanova. He averiguado recientemente que se trata de una patraña, pero curiosamente, durante décadas, ha resultado creíble.
Y es que, ya desde el Egipto de los faraones, los poderosos han logrado dar un final fastuoso a sus despojos, construyéndose pirámides, templos funerarios, monasterios, criptas, panteones... De Tutankamón a Lenin, a los mandamases siempre les ha gustado momificarse.
Pero, aunque el día sea propicio, será mejor que no hablemos hoy de momias. Hablemos de lo repulsiva, lo obscena que resulta la fastuosidad de la muerte en nuestra sociedad y lo triste que aparece en la mayor parte del mundo.
El otro día me reencontré con mi genial colega Javier Teniente, un fotógrafo genial al que es raro ver por Vigo, siempre de viaje por las cuatro costuras del globo. En sus retratos, en los que huye del morbo y evita las escenas crudas, aparecen los muertos del Índico, de Palestina, del Huracán Mitch o de Ruanda como lo que son, cuerpos sin vida, sin adorno alguno.
Me llaman la atención sus imágenes de la muerte en África, donde no se pueden permitir el mínimo lujo para enterrar a los suyos.
Y concluyo que no sólo en nuestra forma de vida, sino también nuestra forma de muerte, estamos muy por encima de la mayoría de nuestros congéneres.
La opulencia con que vive el primer mundo es un insulto a la miseria, al hambre en la que viven la mayoría de los humanos sobre la Tierra. Aunque suene a discurso caduco, nuestras necesidades consumistas son tan falsas como un atentado moral frente a quienes no tienen ni cómo alimentarse.
Pero hasta después de muertos, en nuestros fastos funerarios, insultamos a tres cuartas partes del Planeta. Si los pobres del mundo, que son mayoría, vieran cómo vivimos —pero también como morimos— se deprimirían. Si no lo hacen, es porque en África no se distribuye el Prozak.

4 jul 2007

Ligar en la oficina



Un estudio de la Unión Europea proclama que ligar en el trabajo es sanísimo. Que las parejas que se forman en el ámbito laboral no sólo son más duraderas, sino que resultan más rentables al empresario. Que se compenetran —con perdón— mucho mejor. Y que, lejos de perseguir el ligue entre asalariados, las empresas deberían promoverlo, en su propio beneficio.
Estas brillantes conclusiones ya las había yo observado por mí mismo. Que era llegar chica nueva a la oficina y, aún no llamándose Farala ni ser divina, había compañeros que se mostraban inusualmente solícitos y trabajadores. Y frecuentaban más la máquina del café. Que los veías allí, con aquellos ojos de insomnio, esperando a la nueva y te daban hasta miedo. Y a Peláez, vamos a decir, que tanto le olían los pies, pues dejaban de olerle.
Personalmente, al ver a una compañera de trabajo veo sólo eso: una compañera de trabajo. No me la imagino en picardías. Pero, según el estudio de la Unión Europea, la mayoría de mis compañeros piensan en otra cosa. Que, si les piden un “Post it”, es que ya significa algo. Y no digamos un “tippex”, que hasta tiene nombre de marca de preservativos.
En mi candidez, a mí me ha llegado a decir alguna compañera si no notaba muy fuerte el aire acondicionado. Y yo, que no. Que no lo notaba nada fuerte. Y seguir a lo mío, que para eso me pagan. A lo que enseguida llegaba el compañero de turno: “¡Ahí va, lo que te ha dicho la Farala!” Y tú, allí, ajeno a aquellas rijosidades. Aburrido, incluso, cuando tus compañeros es que están viviendo una telenovela.
Claro que, si las relaciones en el trabajo son buenas para la gente y para la empresa, yo no tengo nada en contra. Ahora que, como la cosa dure, y la gente tenga hijos, debe ser terrible. Por los hijos. Los grandes damnificados. Que desde el desayuno, con los Krispis, se tienen que comer el rollo de la empresa. Y que los niños se acaban sabiendo de memoria los nombres de todos los jefes de sus padres, como si fuese la lista de los Reyes Godos.
A los hijos de pareja de funcionarios, en lugar de salir a jugar al parque, les dan ganas de cogerse un moscoso. Que se acaban sabiendo de memoria toda la legislación. Y, en el colegio, además, tienen que aguantar los chistes, como el de la panadería: “Deme una barra de pan y un funcionario”... “Ya le he dicho, señora, que se llaman baguetes”.
Un trauma es para los niños lo de los padres que son compañeros de trabajo. Y peor aún en la edad en la que empiezan a hacer preguntas. ¿Y vosotros, cómo os conocisteis? Y, claro, ¿quién le va a contar lo de la cena de Navidad aquella, y el coche con los vidrios empañados? Porque las parejas de trabajo todas empiezan en una cena de Navidad contándose chistes del jefe y terminan en un coche con los cristales empañados. Y esto está demostrado, aunque no sea por la Unión Europea.
En todo caso, a mí me da que las parejas de trabajo esconden cierta vagancia. Que, por no andar por ahí, hay quien acaba saliendo con la impresora. Sobre todo con las de chorro, que son muy fogosas.

26 jun 2007

Educación para la Ciudadanía

Monseñor Cañizares ha proclamado hoy que todo colegio que imparta Educación para la Ciudadanía "estará colaborando con el Mal". No esperábamos otro tipo de declaración. Para los obispos españoles el Mal está encarnado en la democracia y tiene en los derechos humanos o en la Justicia sus más abyectos colaboradores.

El que molaba, EL BUENO, era Franco, por ejemplo, por no olvidarnos de Pinochet, Videla, Stroessner y todos los asesinos de masas latinoamericanos cuyos regímenes la Iglesia Católica fomentó, cimentó y aún lamentó, luego, su desaparición, para terminar defendiendo a los dictadores en los pocos casos en los que hubieron de enfrentarse a la Justicia.

Monseñor Cañizares y toda la Conferencia Episcopal ven negativo que se enseñe a los niños en qué consiste la Constitución o que se les inculquen valores de respeto a los demás, previniendo racismo, homofobia, sexismo o xenofobia.

La asignatura que les gustaba a los obispos españoles era Formación del Espíritu Nacional, materia fascista contra la que nunca se escuchó crítica alguna.

Si estos distinguidos señores no van al Infierno es, simplemente, porque no existe.
En caso de sorpresa post morten muy inesperada, va a ser muy triste encontrárnoslos állí.

23 jun 2007

Apatrullando el Más Allá










Se nos ha ido el Fary, un artista tal vez menor, pero que a mí, en mi ignorancia, me ha hecho disfrutar bastante más que la Rocío Jurado, por ejemplo, cuya muerte, que no desaparición, aún sigue siendo noticia de primer orden y objeto de los más sentidos homenajes.


Lo he sentido por el Fari, que debe andar apatrullando el Más Allá. Desde luego, era un tipo simpático, bastante modesto y con pinta de noble, que comenzó llevando un taxi y terminó ganando fama tras años vendiendo cintas en las gasolineras de carretera.

En homenaje a ese gran artista (¡que tú zí que ere un artista!) vayan aquí estas fotos de otros grandes de la música de estación de servicio, rescatados tras ardua prospección en la red.

9 jun 2007

La mejor playa del mundo



Un periodista de The Guardian la calificó como la mejor playa del mundo. Le creemos. Ni en las Seychelles, ni en el Caribe, ni en el Pacífico, ni en la Polinesia encontró este tipo nada semejante.

El pasado martes, me cogí el barco a Cíes y tomé algunas fotografías. Hacía un día radiante. Y, además, las islas estaban desiertas.

Si Rodas no es el paraíso, lo parece.

8 jun 2007

Estos jóvenes...

Aunque no lo parezca, vivimos en una de las sociedades más “fachas” de la historia. Liberales en tantos aspectos, la generación de españoles que ahora disfruta de la madurez son en otros unos conservadores de tomo y lomo. Tal es el caso de la brecha generacional que se está construyendo en torno a la actual juventud. Todos los conservadores, y buena parte de la llamada progresía, cargan un día tras otro contra los chavales de hoy, atribuyéndoles todo tipo de defectos y lacras, rasgándose las vestiduras por toda suerte de presuntos pecados, entre los que se cuentan la indolencia, el analfabetismo, la irresponsabilidad y la drogadicción generalizada.
Tan “fachas” estamos, que la propia Academia de la Lengua se niega a añadir a esta entrada el significado de “carca” o el de “persona que defiende ideas ultraconservadoras”, cuando es palabra común y ampliamente extendida, y que en nada se parece a “fascista”. Sólo que los académicos sean, en general, una pandilla de “fachas”, sigue impidiendo que en el Diccionario aparezca este significado, por más que, en contraste, hayan incluido la palabra “gilipollas”.
Pero, en lugar de entrar en disquisiciones lingüísticas, quisiera entrar en materia, que no es otra que la imagen distorsionada que las generaciones mayores tienen de la juventud de este país.
Un amplio sector critica a los jóvenes por no abandonar el hogar. Los consideran, por ello, aprovechados e indolentes. No se molestan en hacer una breve comparación de sus sueldos y de su estabilidad laboral con los precios de la vivienda y del alquiler.
Además, parecen haber perdido la memoria, pues también ellos pertenecían a una generación que no sólo no se iba de casa a los 35, sino que no se iba nunca. Como aparece retratado en la serie “Cuéntame”, hasta ayer en España los hijos se llevaban a la mujer a vivir a casa de sus padres.
Otro tanto ocurre con quienes critican el “botellón”, lacra formidable que censura toda una generación que se embebe de vinos y solysombras a diario.
Está demostrado que el cerebro manipula los recuerdos a su gusto, y es obvio que muchos creen que jamás se agarraron una cogorza en su juventud, caracterizada siempre por un espíritu sano y responsable.
Por no mencionar que se acuse a los jóvenes de hoy de ignorantes, cuando estamos ante las generaciones mejor preparadas de la historia.
Para ilustrar sus reproches, algunos enteradillos critican que los jóvenes de hoy “machaquen el castellano” escribiendo mensajes con abreviaturas en sus teléfonos móviles. Que redacten “d” o “dsd” o “q” o “t”, para evitar dejarse en las teclas las huellas dactilares.
En su ignorancia, estos críticos no saben que ya los romanos utilizaban abreviaturas, presentes en todas sus inscripciones en piedra. El ara funeraria hallada en Vigo hace un año, en las excavaciones de Areal, es buen ejemplo de ello, pues su mensaje sincopado hubo de ser descifrado tres veces. Y, que se sepa, el latín ha sido la lengua más exitosa de la historia.
“Los jóvenes de hoy son unos tiranos; contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros”. Lo decía Sócrates en el siglo V antes de Cristo.
Así que hay cosas que no cambian: Siempre existirán los viejos cascarrabias.

7 jun 2007

La propiedad es un robo

Ya decía muy bien Proudhon que la propiedad es un robo.

A mí, a este idiota, le guía esta máxima. Es una de las que siempre tengo, tiene, presentes.

La propiedad es un robo. Pero, si no lo fuera, ¿a quién pertenecería la propiedad?

a vueltas con el orbe hemos dado con una situación en la que una pregunta tan estúpida tiene sentido.

La propiedad es un robo. Y, en tal caso, ¿a quién pertenece la propiedad?

Hablo del estupendo caso de la empresa norteamericana Odissey, que ha desembarcado en su país no sé cuántos miles de toneladas de monedas de oro y plata, rescatadas por sus barcos de antiguos galeones españoles, hundidos vaya usted a saber dónde o cómo.

España se ha apresurado a reclamar el botín. Al parecer, cierta interpretación de las leyes del mar reza que, si el pecio descubierto, y explorado, por Odissey es de un país, a éste pertenece la mayor parte del botín.

Otra legislación, y hay muchas, afirma que el tesoro es de quien lo descubre y que ése se lo queda.

El litigio está así. Los tesoros ¿Son de las empresas estadounidenses que los descubren? ¿Son del país que daba pabellón al barco hundido descubierto? ¿O son del país de las aguas donde fue encontrado?

A nadie se le ocurre preguntar si no son también de los indios peruanos, los que queden, esos que echaron los españoles para abrir las minas de Potosí, con cuya plata se hicieron los lingotes por los que ahora litigamos.

Salud.

1 jun 2007

Vigo, Gran Nación

Cantaba Julián Hernández un lema llamativo: “Vigo es una nación y el Celta, su selección”. La frase, acuñada en los ochenta, se popularizó en pintadas callejeras y cuajó en toda una generación. Y, a riesgo de que me llamen localista, yo me siento vigués por encima de ninguna otra filiación sobre la Tierra.

Sin embargo, pese a que, cada cierto tiempo, se llama a los vigueses a manifestarse con la excusa de los muchos agravios, yo no estoy dispuesto a desfilar tras ninguna pancarta. No es del estilo vigués salir a la calle agitando banderitas en plan “Teruel existe”. Aquí la protesta fluye por otros cauces, siendo el principal que, cada cuatro años, castigamos a nuestros políticos municipales, demostrada caterva de incompetentes que, desde que tengo memoria, han exhibido su inepcia al frente del gobierno de la plaza do Rei.

Aquí no tenemos que salir a proclamar que Vigo existe, porque esto no es Teruel, una privilegiada capital de provincia que goza, por tanto, de prebendas como poseer diputación provincial, subdelegación del Gobierno, sucursal del Banco de España, delegaciones de todas las consellerías y ministerios, oficina de Tráfico, Audiencia provincial y otras instituciones que proporcionan poder, y puestos de trabajo.

Teruel, como Soria, en efecto no existen. Y, si les retirasen todos los privilegios de que gozan por ser capital de provincia, se convertirían en los pueblos que, efectivamente, son.
Vigo, por desgracia, es una gran ciudad, pero no una capital de provincia. Y sería estúpido andar proclamando su existencia, cuando es obvio no sólo que estamos aquí sino que, si no existiésemos, Galicia pasaría a ser una de las regiones más subdesarrolladas de Europa. Esta ciudad representa el 40 por ciento del PIB gallego y realiza más de la mitad de las exportaciones.
En la Transilvania rumana, hay zonas cuyo PIB estaría muy por encima del de Galicia, si Vigo no existiese.

Así que la fórmula de protesta debe ser otra. No queremos medias tintas, mientras nos marginan, rateando las inversiones en auditorios, puerto, autopista, peajes, tribunales, aviones o trenes.

¿Por qué pedir una capital de provincia cuando podemos ser una Comunidad Autónoma? Aunque parezca absurdo, sólo Vigo y su área metropolitana tienen más habitantes que Cantabria o que Navarra, por ejemplo. Y somos económicamente más fuertes.

Pero podemos ir aún más lejos. Pidamos que Vigo sea, no ya la nación que es, sino un Estado independiente. Porque cualquier objeción al respecto no será sino una excusa. ¿Acaso no son estados el Vaticano, San Marino o Mónaco, con menos habitantes?

Tenemos bandera y un himno, aunque tan horrísono como el español. Y podríamos también acuñar nuestra propia moneda, para acabar con la estafa del euro. El Celta, como el Mónaco, se asociaría a una liga cercana, y jugaría la portuguesa.

Si nos llaman “localistas”, nos dirán “nacionalistas”, que es más fino, y podríamos reclamar la “deuda histórica”.

Algún día, desde el monte Galiñeiro, esculpidas en piedra, las efigies de Cachamuiña y de Carolo, padres fundadores, en nuestra propia versión del monte Rushmore, contemplarán bajo sus pies, próspera y feliz, a Vigo, nuestra gran nación.

31 may 2007

Me he equivo... cowdo

La verdad es que me he equivocado. Creí, temí, que Corina Porro alcancaría la mayoría absoluta. Y los resultados demuestran que este idiota, que suscribe, estaba tan lejos de la verdad como todas las encuestas.

Yo le daba catorce. Y el Faro y la Voz le daban doce. Consiguió trece. Y me quedo bien contento de haber escrito, y sostenido en todas partes, que no iba a ser así.

Le faltaron muchos o algunos votos a Corina para ser alcaldesa. Pocos, si éramos de los locos, entregados a ella. Muchos, si nos atenemos a la cruda realidad.

Y es que Corina puede vender que ella sola, por su propio gancho, hizo subir al pepé en más de cuatro mil votos. Pero cuando dice eso no hace sino márketing.

Fue Corina, no lo olvidemos, quien como cabeza de lista llevó al PP al peor resultado electoral de su partido en Vigo en toda su historia. Diez. Diez. Y diez. Por si alguien no quiere tener memoria.

Fue Corina la que encabezó la última lista electoral del PP, que fue el mayor fiasco de la historia popular. Hasta Juan Corral, en 2000, sacó más votos y concejales que ella, en 2004.

Es por eso que su repunte, esos cuatro mil votos, hay que verlos en perspectiva. Lo cual, como viene siendo habitual en Vigo, no se hace, ni se ha hecho, mientras cada alcalde, y Corina especialmente, siga siendo aclamado por los palmeros de ciertos, de cierto, medio.

Ni Corina ha hecho nada especial ni es nada políticamente relevante.

Ha devuelto, simplemente, al PP a donde siempre estuvo, y a donde ella, como cabeza de lista, lo retiró.

Y si es verdad que fue una buena alcaldesa, que lo fue, si es verdad que en dos años hizo de Chema Figueroa un magnífico político, que también, y si es cierto que Javier Guerra es un brillante gestor, eso, todo eso, no nos impide decir que el mandato que ahora termina es poco menos que nada.

Al menos, no lo suficiente como para convencer a la gran mayoría de los vigueses de que hay que dar las gracias, y las damos, y las doy, por los servicios prestados, pero que somos muchos, muchísimos, los que hoy, los que ayer, y los que pasado mañana, seguimos queriendo un gobierno de izquierdas, de progreso, de vaya a saber usted qué coño significa esto, para esta, nuestra ciudad.

Hay medios, un medio, que ha cantado y palmeado todo lo que ha hecho Corina. Pero sus flores en el centro no valen nada cuando las comparas con lo que, por ejemplo, y sin que yo lo defienda especialmente, hizo Castrillo peatonalizando el Calvario. Aquello sí que fue política. Y audacia. No, poner en la Alameda cuatro maceteros. Pero, aunque estaríamos de acuerdo, no encontraríamos una luz, un faro, que estuviese de acuerdo.

Corina hizo bien su trabajo. Comprendió que lo que el ciudadano quiere es simplemente tener luz en las farolas, que salga agua por los grifos, que las calles no tengan baches y que alguien barra la mierda de todos los días. Además, ponía flores. Pero eso no es suficiente.

Gracias, Corina. Y gracias, Chema.

Que los que seguimos teniendo ideas, nos las conserven.

18 may 2007

Cowrina acojona al Naval

Ha terminado la huelga del naval, que nos deja dos imágenes impresionantes.

La primera, indignant, es el asalto a la sede de la Xunta, con miles de documentos volando por los aires. No seré yo quien me rasgue las vestiduras porque nuestros "señores del acero" quemen contenedores y ensucien las calles en sus manifestaciones. Destrozos mayores, más caros de limpiar y más costosos para el erario público, se producen en concentraciones de bastante menor trascendencia, como partidos de fútbol o procesiones del Cristo de la Victoria.

Hacer pintadas en un centro oficial o destrozar cuatro sillas puede parecerme grave, pero tiene solución tan sencilla como una mano de pintura o dejarse cuatro duros en el Leroy Merlin.

Otra cosa es lo de destruir expedientes públicos. Sin duda, los onagros que lo hicieron no pensaron que por el aire podría estar volando la vida de muchas personas. La pensión que solicita una señora, que podría ser su madre, la beca para una chica que podría ser su hija, la resolución de cualquier litigio que amarga a cualquier ciudadano y que llevaba años perdido en cualquier rincón de la burocracia autonómica.

Quieres hicieron esto demostraron muy poco cerebro, por mucho que pueda yo defender que el metal tenía que salir a la calle y hacer una huelga para que cuatro empresarios cazurros dejen de reírse de ellos.

Pero la segunda imagen impresionante de las protestas es otra, más amable: Las vacas.

¿Por qué mientras Urzaiz ardía, con varios contenedores en llamas en medio de la calle, seguía Cowlumbus señalando al Sireno?

¿No resulta extraño que cinco días de manifestaciones, protagonizadas por los destrozos, se saldasen con todas las vacas en pie?

Por una parte, esto lleva a sospechar que, cuando los dirigentes sindicales dan una consigna, ésta se cumple. Y parece obvio que hubo la orde de "no toquéis las vacas".

De otra, hay una conclusión de más hondo calado. Cowrina acojona. Que le tienen respeto, vamos. Que ni el Metal se ha atrevido a quemarle las vacas, que con cualquier otro alcalde habría sido lo primero en arder.

Es lo que ese fenómeno tiene de trascendencia política y de sondeo para la próxima semana lo que me ha dejado ciertamente helado. Digan lo que digan el domingo los sondeos, yo he visto en los contenedores ardiendo y Cowlumbus en pie la mayoría absoluta de Cowrina. Veremos.

15 may 2007

Elogio de la basura

La astrobiología, esa ciencia dedicada a buscar vida en el cosmos, proclama que el mejor indicador para determinar que hay vida inteligente en otro planeta es la emisión de basura. El genial Arthur C. Clarke, autor de “El centinela”, la obra que inspiró a Kubrick su “2001, Una odisea espacial”, iba más allá y proponía buscar planetas con un anillo orbital de desperdicios. Nada probaría mejor que en ese mundo se ha despertado la consciencia, una rareza biológica que es el paso previo a la inteligencia.
La Tierra, por lo visto, ha entrado ya en ese selecto club de planetas que cuentan con una buena costra de basura girando en torno a su atmósfera. Desde lejanas esferas, a millones de años luz, científicos alienígenas fijarán en sus telescopios sus ojos compuestos y constatarán que ese punto azul ha logrado ya el alto grado de progreso que permite cubrirse de mierda.
Con técnicas de radioespectografía, comprobarán que ya tenemos incluso agujero en la capa de ozono y que, entre todo el anillo de detritus, hay un punto más gordo que podría ser una estación orbital.
La calidad de la basura, por paradójico que parezca, es la señal de nuestro progreso. Un pueblo capaz de lanzar morralla al espacio es digno de toda admiración.
En realidad, para llegar a cualquier conocimiento, siempre revolvimos en la basura. Bajamos en Atapuerca a los pudrideros donde nuestros ancestros arrojaban a sus muertos. Hozamos en las Cíes en los yacimientos de conchas del paleolítico, que no eran sino los vertederos donde los hombres primitivos echaban la basura tras sus antediluvianas mariscadas.
De los animales, seguimos su rastro por las heces. Y, hasta ayer, la Medicina consistía más en leer los orinales que en cualquier otra forma de diagnóstico.
Por encima de la rueda y del fuego, la grandeza del ser humano está en la invención de la basura. Por eso en los países más atrasados apenas la producen, de forma que lo reciclan todo. Los niños que viven en los vertederos de Río no sólo son un indicador de miseria, sino que, eliminando basura, encarnan y amplifican la miseria misma.
Cuanto más basura produce una casa, más rica es. Las bolsas de los pobres huelen a plásticos de paquetes de salchichas. Mientras las de los ricos apestan a conchas de cigalas, patas de nécoras y cabezas de lubina.
Los jóvenes producen mucha más basura que los mayores. La viejecilla frente al contenedor siempre lleva una bolsita minúscula.
No es raro, pues, que Estados Unidos se niegue a firmar el protocolo de Kioto. Una gran potencia está obligada a demostarle al mundo no sólo que puede invadir cualquier país o que cuenta con la economía más poderosa, sino sobre todo que es capaz de producir mayor basura. Contaminar es una muestra de poder y de riqueza.
A tal punto es importante la basura, que los pobres se ven obligados a buscarla en la calle. Y revuelven los contenedores y papeleras, para tener sus propios desperdicios.
Este es el mundo en que vivimos. Por muchos humos que nos demos, somos pura basura.

30 abr 2007

La gran fiesta local

Ha comenzado la mayor festividad local, un evento que se prolongará durante diez días y que congregará a más de doscientas mil personas. Quienes crean que tal cita pudiera ser el Cristo de la Victoria, han de saber que hablamos del Salón del Automóvil, celebración que atrae a muchísimos más fieles y que provoca episodios de fervor rayanos en el misticismo.
Al igual que los musulmanes dan vueltas a la Kaaba en su peregrinación a la Meca, así los vigueses dan vueltas durante horas al recinto ferial de Cotogrande, con la vana intención de lograr una plaza de aparcamiento donde dejar su coche para ir a ver más coches.
En una ciudad a la que llaman el “motor industrial de Galicia”, donde la cuarta parte de la población vive del sector de la automoción, con Citroën y sus fábricas auxiliares, donde hay más de 150.000 vehículos matriculados, donde el tráfico se vuelve insufrible, donde los niveles de contaminación atmosférica por emisiones de tubos de escape provocan graves enfermedades —como ha demostrado la profesora Margarita Taracido en un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago—, en esta ciudad, digo, la devoción popular suprema se manifiesta cada año, a comienzos del mes de mayo en el Salón del Automóvil, consolidado ya como el segundo de España en visitantes, tras el de Barcelona.
Vigo, que tiene bandera propia, podría adoptar como himno el reggaeton, y entonar con la mano en el pecho ese bello soniquete que reza: “¡A ella le gusta la gasolina! ¡Cómo le gusta la gasolina!”.
Porque no deja de resultar asombroso que un vigués medio, trabajador de Citroën, que se pasa la semana montando volantes en cadena, coja a su familia el domingo y se suba a Cotogrande a ver más volantes.
Algo enfermizo hay en ésta, nuestra pasión por la mecánica, en esta fervorosa entrega al mundo del motor, que justificaría que a nuestro escudo, junto al olivo y al castillo, añadiésemos un Citroën Berlingo. Porque, para ser justos, hay que decir que olivos, en la ciudad, quedan dos: el del Paseo de Alfonso y el de la iglesia de Bouzas. Y que castillo no conocemos ninguno, a menos que consideremos como tal a la fortaleza del Castro. Sin embargo, coches de Citroën tenemos por decenas de miles, además de haberlos producido por millones.
Pero, si es preciso revisar algunos símbolos vigueses, urge también cambiar el calendario festivo. Con permiso de San Roque y de Carolo, las fiestas locales deberían trasladarse a este mayo en que disfrutamos del Salón.
Con evidente cinismo, cada 28 de marzo celebramos la Reconquista, festividad que conmemora la expulsión de los franceses en el albor del siglo XIX. Un absurdo más de esta ciudad asombrosa que, curiosamente, vive ahora de los galos, representados por la fábrica de su emblemática marca del doble chevron.
Puede que esto nunca se haya escrito, pero es una verdad solemne: Si Cachamuiña viviese hoy, trabajaría en Citroën.
Enunciado el sacrilegio, profanada la memoria del héroe, sacudidos los cimientos de nuestra identidad, subamos al Ifevi a adorar al nuevo ídolo: el coche.

Lo que manda la "Pecsi"

"Mamá, papá, Pepsi". Éstas son las tres primeras palabras que el norteamericano Terry Wallis pronunció al despertar tras diecinueve años en coma. Para que luego digan que la publicidad no surte efecto.
El buen hombre se debió pasar dos décadas soñando con una Pepsi y se supone que la marca de cola le agasajará ahora con suministros de por vida de la bebida marró con burbujas.
En cualquier caso, no sería la primera vez. La marca de bourbon Southern Comfort enviaba cada semana varias cajas de su güisqui de Kentucky a Janis Joplin en homenaje a su fidelidad. La buena mujer se bebía una botella en cada concierto, agarrada al micrófono y a la garrafa, a partes iguales, mientras se desgarraba con “Cry Baby”. Que Janis muriese luego alcoholizada no desmerece el gesto de la firma de bourbon, nombre que por cierto hace homenaje a los Borbones, la dinastía a la que pertenece Juan Carlos I, tan entusiasta siempre de los espirituosos.
Lo malo es que “mamá, papá, Pepsi” suena más fuerte. Es como si Neil Amstrong hubiera dicho: “Es un pequeño paso para el hombre, y un gran paso para Michelin”. Y Kennedy se hubiera preguntado: “¿Qué pueden hacer América y Coca Cola por vosotros?” Mientras que Tila Kneipp podría haber patrocinado a Martin Luther King cuando proclamó: “I had a dream”.
Sin embargo, aunque no sean marcas convencionales, los discusos más brillantes de nuestros políticos están patrocinados por corporaciones. ¿Alguien cree que cuando Bush satanizaba a Sadam no estaba, en realidad, haciendo un anuncio de RSC?
El problema es que la mayor parte de la población no conoce la Raytheon Systems Company, porque no se anuncia por la tele. Sólo aparece patrocinando los discursos de Bush, porque RSC es la fabricante del misil “Tommahawk”. La empresa sirvió desde su factoría de Tucson (Arizona) miles de unidades de su producto estrella durante la invasión de Irak, al módico precio de 600.000 dólares por pepino, esto es cien millones de pesetas de las de antes.
Que Terry Wallis se destapase pidiendo una Pepsi, muestra que viene de otro tiempo. Ahora, los auténticos patrocinadores no se gastan un duro en publicidad, cuando pueden llegar directamente a los consumidores, que son los gobiernos.
Cuando Colin Powell defiende con dureza ante la ONU la importancia de garantizar la propiedad intelectual, el escritor se siente agradecido. Piensa que está hablando del autor de best-sellers y de la maldición del plagio. Pero, en realidad, está hablando de las industrias farmacéuticas que tienen patentado el cóctel de medicamentos contra el sida. Y son ellas las que presionan para que países como Sudáfrica no desarrollen sus propios fármacos “genéricos” con que atajar la enfermedad. Que sigan pagando “royalties” es el objetivo, por mucho que encarezcan un producto que los países en desarrollo, pese a la plaga, no pueden permitirse.
Últimamente, cuando escucho el discurso de un político, busco a su patrocinador. Y siempre lo encuentro, aunque lo escondan. Es la simple consecuencia de la plutocracia que, no se engañen, es el sistema en que vivimos.

12 abr 2007

Matadero 5

Ha muerto Kurt Vonnegut, que era uno de los más grandes escritores vivos. Me he enterado de la noticia en Canarias, esto es, una hora antes que si estuviese en Vigo. Y, antes o después, me ha hecho poca gracia.

Vonnegut no era popular, pero quien haya leído "Matadero 5" sabe de su grandeza. La novela fue publicada en 1969, cuando Vietnam era un infierno en el que morían miles de americanos, mientras otros miles marchaban sobre el Pentágono para exigir a su gobierno que parase aquella guerra estúpida.

"Slaughterhouse-Five", que así se llama en inglés la novela, es una diatriba contra la guerra, ambientada en el Dresde bombardeado por los aliados durante la II Guerra Mundial. En aquella ciudad alemana, arrasada de forma criminal, cayeron tantos proyectiles que su potencia destructora multiplica la de las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki. Pero tampoco es popular la tragedia de Dresde, porque los vencedores nunca quisieron reconocer que allí perpetraron una carnicería.

Kurt Vonnegut denuncia el horror de Dresde, pero termina por clamar contra todas las guerras, también contra la del Vietnam, vigente mientras escribía su novela.

Pero "Matadero 5" es mucho más. También es un texto existencialista, que reflexiona sobre la vida, sobre el optimismo aún en los momentos más difíciles.

Y es, además, una novela de ciencia-ficción. Hazte con ella (Anagrama), corre a leerla y descubre lo cojonudos que son los alienígenas del lejano planeta Tralfamadore.

Hoy ha muerto Kurt Vonnegut. En Irak, Afganistán o Sudán los mataderos siguen abiertos.

24 mar 2007

Contra España

Adoro a Jaime Gil de Biedma. Fue un tipo que escribió muy poco, pero todo lo escribió bien. Hay en las librerías un volumen de sus obras completas que apenas ocupa nada. ¡Compradlo! No ocupa sitio en la estantería, ni adorna, pero es de esos libros extraños donde uno siempre pone el dedo.

Adoro a Jaime Gil de Biedma, con sus cuatro o cinco, o como mucho doscientas poesías en las que dice todo lo importante, también contra sí mismo. Escribe, por ejemplo: "y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios en donde el mal gobierno, la pobreza no son, sin más, pobreza y mal gobierno sino un estado místico del hombre, la absolución final de nuestra historia".

Somos, lo dice Gil, un país de mierda, de pobres, de hambre, de mendigos con ínfulas de idiotas. Somos un país que se lleva matando toda la vida. Que vive, desde el siglo XV, una guerra civil permanente.

"De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la España", escribió Gil, funcionario del Estado, tío abuelo de la tonta de Esperanza Aguirre, política idiota y pagada de sí misma.

Hoy el PP ha decidido boicotear al grupo Prisa en todos sus medios. No harán declaraciones, ni entrevistas, ni responderán a las preguntas de ningún periodista que pertenezca a ese grupo. Es una aberración nunca vista en Europa. Ni en democracia del mundo entero.

Así se escribe la triste historia de España. Este país que lleva cinco siglos en guerra civil permanente, contra los moros, contra los fueros, contra los gallegos, contra los barceloneses que apoyaron a los Austrias, contra todo lo que se mueva sin la bendición de esa cosa rara llamada España.

Hablan de la Guerra Civil. Como si este país no llevase cinco siglos en guerra civil. ¿Habéis leído a Valle? Pues eso. El carlismo, la Guerra de Sucesión, la Guerra de Independencia, la Reconquista... Todo en nuestra historia ha sido una guerra civil incesante... Que sigue. Que algunos quieren que siga... País de mierda!

22 mar 2007

Una oliva de Vigo

El olivo es el árbol que representa a Vigo. Aparece en su escudo, junto al castillo de O Castro, yun ejemplar de gran porte otea la ría desde el paseo de Alfonso. Vigo es la ciudad "olívica", por más que sea difícil hallar tal especie por estos pagos.

Se dice que la denominación rinde homenaje al árbol que, hace siglos, se levantaba ante la antigua iglesia de Santa María, hoy concatedral. Y en el barrio marinero de Bouzas aún se conserva un olivo en el atrio de la iglesia parroquial, en una estampa que debió se similar a la que en su día ofrecía la colegiata.

En Vigo casi no hay olivos y, tal vez por eso, pocos saben que en este puerto de mar, primero del muno en descargas de pescado fresco, las aceitunas nacen ya del árbol rellenas de anchoa. Tal peculiaridad botánica apenas ha sido estudiada, aunque diversos códices medievales, como el llamado "Libro de Horas de Doña Urraca" o el Beato de Liébana, ya citan esta singularidad con notable admiración.

Los romanos, amantes del "garum", aquella fuerte salsa fabricada con vísceras de pescado, consideraban las aceitunas de Vicus las más deliciosas del Imperio. De los siglos I al IV, se exportaron en ánforas Haltern 70 a todos los confines del Mediterráneo, donde se admiraban estos frutos rellenos de anchoa de forma natural, desde el mismo árbol.

En recuerdo de aquellas aceitunas nace este blog, La Sin Hueso, expresión con la que algunos también denominan a la lengua. Con ánimo de hablar de todo, y de darle sin descanso a ese músculo tan versátil, emprendemos hoy este camino que, como aquellas olivas de antaño, van desde Vigo al mundo entero.