Mi colon cuida de mí. Y, en justa correspondencia, yo le echo de comer todo tipo de bifidus, lactobacilus, bacterias prebióticas y fibra, mucha fibra, para ser regular como José Coronado, el de “Activia”, el español que caga con más puntualidad de todo el país y, además, presume de ello con media sonrisilla, mientras se empapuza de yogures con salvado y lecticina de soja.
Yo no sé si estamos ya locos, o vamos camino de ello. Pero me niego a preguntar cómo influye el ácido Omega 3 y Oleico en la salud de mis arterias. Que tampoco sabría a quién hacerle la pregunta, por mucho que me lo recomiende el anuncio.
Nunca estuvimos tan preocupados por nuestra alimentación y jamás, tan duchos en nombres de bacterias, enzimas y ácidos grasos. Ganas tengo de que salga un yogur que anuncie que sabe bien, en lugar de que lleva un microbio que se come el colesterol malo.
No sé ustedes, pero yo estoy aburrido de estos anuncios que, para colmo, se multiplican en verano. Como el sol llama a las playas, la gente anda loca con la línea. Y hasta con la Vitalínea.+
Ves a los amigos por la calle, con esa cara de mustios, y ya te puedes esperar su respuesta: “Es que hace tres semanas que hago régimen”
—¿Y cuánto has perdido?
—Tres semanas.
Anda el populacho cebándose de bifidus y, para colmo, haciendo dietas. Y, como el hambre aguza el ingenio, diversos nutricionistas locos, ocultos en sus laboratorios secretos, traman terribles torturas que se anuncian como infalibles: La dieta del apio, la del pomelo, la del ajo... Diseñadas todas para provocar insufribles padecimientos a quienes las practican, al tiempo que los convierten en adeptos. Porque, más que hacer dieta, la gente parece que haya entrado en una secta. Que aprovechan la mínima ocasión para hacer apostolado de su sistema: “¿Has probado la de la zanahoria?”, te sueltan, ilusionados con ganar a otro pardillo.
Esta temporada, la dieta de moda dicen que es la del huevo. Y puedes comer huevo duro, huevo frito, tortilla de huevo y revuelto de huevo. Y, funcionar, funciona. Aunque acabas hasta los huevos.
“Cuida de tu colon para que tu colon cuide de ti”, dice estos días el anuncio de una bebida “prebiótica”. Y estás en el sofá, y te parece que tengas la tenia. Que te miras la barriga y piensas: “Ahí adentro... ¡Hay un colon!” Y ya te crees que vaya a salir en algún momento, como “Alien”.
Yo tengo miedo del colon últimamente, por culpa del anuncio. Y me da remordimientos haberlo cuidado tan poco hasta la fecha. Anda uno a tantas cosas en la vida, te lían tanto en el trabajo, tienes tantas preocupaciones, que te puedes estar olvidando de tu colon. Y, claro, no te enteras hasta que el colon ya es mayor y está ahí adentro, resentido. “Nunca me diste bebidas prebióticas”, nos diría si pudiera hablar. Que en realidad, nos habla, a través de los anuncios...
Pánico da todo esto. Pero conmigo que no cuenten. Siempre elegiré huevos fritos con chorizo. Lo siento por ustedes. Yo seguiré comiendo lo que me salga de los bifidus.
20 sept 2007
17 sept 2007
El palleiro del espacio
El primer ser vivo que abandonó el planeta Tierra fue un “palleiro”. La pequeña Laika, que en ruso significa “ladrido”, callejeaba por las calles de Moscú en verano de 1957, cuando la recogieron unos científicos del centro espacial Koroliov. La perra abandonada, sin raza conocida, pasó de revolver en las basuras y correr tras los ladas oxidados a ser entrenada como la primera cosmonauta de la historia, en la Ciudad de las Estrellas de Baikonur.
Durante tres meses, Laika se sometió a electrodos y centrifugadoras y convivió con la ingravidez artificial sin entender nunca nada.
El 3 de noviembre de 1957, la montaron en el “Sputnik II” y, a la velocidad de escape, fue alzada al cosmos por un cohete. El satélite, el segundo de la historia, pasó medio año orbitando hasta que se desintegró contra la atmósfera. Pero “Laika” murió por la taquicardia provocada por el pánico sólo cinco horas después del lanzamiento. Había dado cuatro vueltas al planeta. Y su sarcófago tecnológico siguió dando otras 2.566 hasta su destrucción.
La noticia acaba de revelarla Dimitri Malashenkov, del Instituto para los Problemas Biológicos de Moscú. Hasta ahora, se creía que la palleira Laika había vivido diez días y que su muerte se debió a un gas letal que los samaritanos científicos soviéticos liberaron en la cápsula para ahorrarle sufrimientos.
Malashenkov participó en la organización de aquella misión y sólo ahora, casi medio siglo después, ha reconocido la verdad. En el Lindon B. Johnson Center de Houston, el científico ruso reconoció que aún tiene pesadillas con Laika. “A medida que pasa el tiempo, más me parece que no debimos haberlo hecho”, dijo a sus colegas de Estados Unidos hace unos meses.
En memoria del primer bicho espacial, Rusia inauguró hace dos años un monolito en Kaliningrado, junto a las estatuas de todos los héroes espaciales soviéticos. Los turistas ponen hoy flores sobre esta tumba virtual.
Después de tantos años, Laika recibe su homenaje. Y Malashenkov sigue soñando con la pobre perra.
Por eso, tal vez algún día habrá quien se arrepienta de todas las monstruosidades que los laboratorios cosméticos practican sobre cobayas y simios para probar nuevas cremas antiarrugas.
Puede ser ahora cuando lleguen también otros arrepentimientos. Como los de los responsables de circos y zoos, instituciones donde se enjaula a los animales y se les maltrata aún sín esta intención.
Mientras siga habiendo animales salvajes en cautividad en los parques zoológicos, seguiremos cometiendo un crimen. Esos leones tristes, esos tigres deprimidos y esos chimpancés locos tienen derecho a gozar de su planeta. Encerrarlos en un recinto es tan cruel como mandarlos al cielo en un Sputnik.
Durante tres meses, Laika se sometió a electrodos y centrifugadoras y convivió con la ingravidez artificial sin entender nunca nada.
El 3 de noviembre de 1957, la montaron en el “Sputnik II” y, a la velocidad de escape, fue alzada al cosmos por un cohete. El satélite, el segundo de la historia, pasó medio año orbitando hasta que se desintegró contra la atmósfera. Pero “Laika” murió por la taquicardia provocada por el pánico sólo cinco horas después del lanzamiento. Había dado cuatro vueltas al planeta. Y su sarcófago tecnológico siguió dando otras 2.566 hasta su destrucción.
La noticia acaba de revelarla Dimitri Malashenkov, del Instituto para los Problemas Biológicos de Moscú. Hasta ahora, se creía que la palleira Laika había vivido diez días y que su muerte se debió a un gas letal que los samaritanos científicos soviéticos liberaron en la cápsula para ahorrarle sufrimientos.
Malashenkov participó en la organización de aquella misión y sólo ahora, casi medio siglo después, ha reconocido la verdad. En el Lindon B. Johnson Center de Houston, el científico ruso reconoció que aún tiene pesadillas con Laika. “A medida que pasa el tiempo, más me parece que no debimos haberlo hecho”, dijo a sus colegas de Estados Unidos hace unos meses.
En memoria del primer bicho espacial, Rusia inauguró hace dos años un monolito en Kaliningrado, junto a las estatuas de todos los héroes espaciales soviéticos. Los turistas ponen hoy flores sobre esta tumba virtual.
Después de tantos años, Laika recibe su homenaje. Y Malashenkov sigue soñando con la pobre perra.
Por eso, tal vez algún día habrá quien se arrepienta de todas las monstruosidades que los laboratorios cosméticos practican sobre cobayas y simios para probar nuevas cremas antiarrugas.
Puede ser ahora cuando lleguen también otros arrepentimientos. Como los de los responsables de circos y zoos, instituciones donde se enjaula a los animales y se les maltrata aún sín esta intención.
Mientras siga habiendo animales salvajes en cautividad en los parques zoológicos, seguiremos cometiendo un crimen. Esos leones tristes, esos tigres deprimidos y esos chimpancés locos tienen derecho a gozar de su planeta. Encerrarlos en un recinto es tan cruel como mandarlos al cielo en un Sputnik.
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Vigo Eduardo
7 sept 2007
Marina D´Or
Antes, si te portabas bien, ibas al Cielo. Pero, actualmente, si eres bueno, irás a Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones.
En la Edad Media, al siervo trabajador y obediente se le prometía felicidad en la otra vida. La Iglesia vendía la vida eterna con un completo equipo de marketing, donde no faltaban cruzadas, bulas, quema de herejes y “superproducciones” en piedra como el Pórtico de la Gloria, donde el gañán de la época admiraba a quienes conseguían entrar en el Reino de los Cielos, y se apiadaba de los que eran torturados en el Infierno por las fuerzas del mal.
Fruto de esta formidable operación de mercadotecnia, los siervos de la gleba daban su existencia terrenal al señor feudal y fertilizaban con su sudor las tierras de otros, en la confianza de un pago en la ultratumba.
Cinco siglos después, el laicismo ha quebrado este sueño. Hoy, si trabajas como un negro, si obedeces, si te pliegas por completo al sistema, no irás al Cielo, pero algún día encontrarás la felicidad en “la mayor colonia de vacaciones de Europa”, donde los jubilados se compran pisos y disfrutan “del mayor balneario científico de agua del mar de Europa”.
Si usted, distinguido lector, es cinéfilo, analice con detenimiento los anuncios de Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones, ese paraíso alicantino. Observe a Anne Igartiburu en la pantalla de su televisor cuando proclama: “¡Vacaciones todo el año!” Sin duda, no tardará en descubrir que usted ya ha visto esto antes, aunque tal vez no sepa dónde.
La respuesta al enigma está en la película “Blade Runner”, joya de Ridley Scott basada en un relato del genial Philip K. Dick. Mientras Deckard(Harrison Ford) persigue “pellejudos”, inmensas pantallas exhiben en los edificios la frase “Off World”. Una lejana megafonía se dirige sin descanso a los atribulados habitantes de Los Ángeles en el año 2019. El mensaje se escucha muchas veces en la película y reza: “Una nueva vida le espera en las colonias del Mundo Exterior; la ocasión de volver a empezar en una tierra de grandes oportunidades y aventuras”.
Los anuncios, el ficticio y el real, son exactamente iguales. Porque Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones es el nuevo Sangrilah, es “La Isla” que le prometen a Ewan MacGregor en la flojísima película de la deliciosa Escarlett Johansson, es el “santuario” de La Fuga de Logan, es el sueño de “Total Recall”, que usted recordará perfectamente: “Cielo azul en Marte”.
La ciencia-ficción se hace realidad a una velocidad de millones de parsecs por segundo. Y, 22 años después de 1984, vivimos rodeados de cámaras que todo lo vigilan, un estado que nos prohíbe hasta fumar, perros con microchip y código de barras hasta en el papel higiénico.
Lo que no sabíamos es que también nos iban a ofrecer el cielo. Se trata de Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones. Si es usted bueno, si se porta como debe, si se adapta, cumple, obedece y prospera, tal vez pueda adquirir una vivienda en este paraíso terrenal donde disfrutará de un gozoso retiro.
Mientras Deck busca a sus replicantes, una nueva vida espera. Son las Colonias del Mundo Exterior, Oropesa del Mar, sin número.
En la Edad Media, al siervo trabajador y obediente se le prometía felicidad en la otra vida. La Iglesia vendía la vida eterna con un completo equipo de marketing, donde no faltaban cruzadas, bulas, quema de herejes y “superproducciones” en piedra como el Pórtico de la Gloria, donde el gañán de la época admiraba a quienes conseguían entrar en el Reino de los Cielos, y se apiadaba de los que eran torturados en el Infierno por las fuerzas del mal.
Fruto de esta formidable operación de mercadotecnia, los siervos de la gleba daban su existencia terrenal al señor feudal y fertilizaban con su sudor las tierras de otros, en la confianza de un pago en la ultratumba.
Cinco siglos después, el laicismo ha quebrado este sueño. Hoy, si trabajas como un negro, si obedeces, si te pliegas por completo al sistema, no irás al Cielo, pero algún día encontrarás la felicidad en “la mayor colonia de vacaciones de Europa”, donde los jubilados se compran pisos y disfrutan “del mayor balneario científico de agua del mar de Europa”.
Si usted, distinguido lector, es cinéfilo, analice con detenimiento los anuncios de Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones, ese paraíso alicantino. Observe a Anne Igartiburu en la pantalla de su televisor cuando proclama: “¡Vacaciones todo el año!” Sin duda, no tardará en descubrir que usted ya ha visto esto antes, aunque tal vez no sepa dónde.
La respuesta al enigma está en la película “Blade Runner”, joya de Ridley Scott basada en un relato del genial Philip K. Dick. Mientras Deckard(Harrison Ford) persigue “pellejudos”, inmensas pantallas exhiben en los edificios la frase “Off World”. Una lejana megafonía se dirige sin descanso a los atribulados habitantes de Los Ángeles en el año 2019. El mensaje se escucha muchas veces en la película y reza: “Una nueva vida le espera en las colonias del Mundo Exterior; la ocasión de volver a empezar en una tierra de grandes oportunidades y aventuras”.
Los anuncios, el ficticio y el real, son exactamente iguales. Porque Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones es el nuevo Sangrilah, es “La Isla” que le prometen a Ewan MacGregor en la flojísima película de la deliciosa Escarlett Johansson, es el “santuario” de La Fuga de Logan, es el sueño de “Total Recall”, que usted recordará perfectamente: “Cielo azul en Marte”.
La ciencia-ficción se hace realidad a una velocidad de millones de parsecs por segundo. Y, 22 años después de 1984, vivimos rodeados de cámaras que todo lo vigilan, un estado que nos prohíbe hasta fumar, perros con microchip y código de barras hasta en el papel higiénico.
Lo que no sabíamos es que también nos iban a ofrecer el cielo. Se trata de Marina D´Or, Ciudad de Vacaciones. Si es usted bueno, si se porta como debe, si se adapta, cumple, obedece y prospera, tal vez pueda adquirir una vivienda en este paraíso terrenal donde disfrutará de un gozoso retiro.
Mientras Deck busca a sus replicantes, una nueva vida espera. Son las Colonias del Mundo Exterior, Oropesa del Mar, sin número.
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