Aunque no lo parezca, vivimos en una de las sociedades más “fachas” de la historia. Liberales en tantos aspectos, la generación de españoles que ahora disfruta de la madurez son en otros unos conservadores de tomo y lomo. Tal es el caso de la brecha generacional que se está construyendo en torno a la actual juventud. Todos los conservadores, y buena parte de la llamada progresía, cargan un día tras otro contra los chavales de hoy, atribuyéndoles todo tipo de defectos y lacras, rasgándose las vestiduras por toda suerte de presuntos pecados, entre los que se cuentan la indolencia, el analfabetismo, la irresponsabilidad y la drogadicción generalizada.
Tan “fachas” estamos, que la propia Academia de la Lengua se niega a añadir a esta entrada el significado de “carca” o el de “persona que defiende ideas ultraconservadoras”, cuando es palabra común y ampliamente extendida, y que en nada se parece a “fascista”. Sólo que los académicos sean, en general, una pandilla de “fachas”, sigue impidiendo que en el Diccionario aparezca este significado, por más que, en contraste, hayan incluido la palabra “gilipollas”.
Pero, en lugar de entrar en disquisiciones lingüísticas, quisiera entrar en materia, que no es otra que la imagen distorsionada que las generaciones mayores tienen de la juventud de este país.
Un amplio sector critica a los jóvenes por no abandonar el hogar. Los consideran, por ello, aprovechados e indolentes. No se molestan en hacer una breve comparación de sus sueldos y de su estabilidad laboral con los precios de la vivienda y del alquiler.
Además, parecen haber perdido la memoria, pues también ellos pertenecían a una generación que no sólo no se iba de casa a los 35, sino que no se iba nunca. Como aparece retratado en la serie “Cuéntame”, hasta ayer en España los hijos se llevaban a la mujer a vivir a casa de sus padres.
Otro tanto ocurre con quienes critican el “botellón”, lacra formidable que censura toda una generación que se embebe de vinos y solysombras a diario.
Está demostrado que el cerebro manipula los recuerdos a su gusto, y es obvio que muchos creen que jamás se agarraron una cogorza en su juventud, caracterizada siempre por un espíritu sano y responsable.
Por no mencionar que se acuse a los jóvenes de hoy de ignorantes, cuando estamos ante las generaciones mejor preparadas de la historia.
Para ilustrar sus reproches, algunos enteradillos critican que los jóvenes de hoy “machaquen el castellano” escribiendo mensajes con abreviaturas en sus teléfonos móviles. Que redacten “d” o “dsd” o “q” o “t”, para evitar dejarse en las teclas las huellas dactilares.
En su ignorancia, estos críticos no saben que ya los romanos utilizaban abreviaturas, presentes en todas sus inscripciones en piedra. El ara funeraria hallada en Vigo hace un año, en las excavaciones de Areal, es buen ejemplo de ello, pues su mensaje sincopado hubo de ser descifrado tres veces. Y, que se sepa, el latín ha sido la lengua más exitosa de la historia.
“Los jóvenes de hoy son unos tiranos; contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros”. Lo decía Sócrates en el siglo V antes de Cristo.
Así que hay cosas que no cambian: Siempre existirán los viejos cascarrabias.
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