24 jul 2007

La "teletubbie" de Neutrex

Recién aprobada la Ley de Igualdad, resulta que las mujeres no sólo no tienen más presencia en los consejos de administración, sino que su peso específico está en franca decadencia. Un informe de El País asegura que, en lo que va de año, se han caído un 20% de las señoras que ocupaban una silla en los consejos de las empresa del Ibex 35.

La cruda realidad se resume en el anuncio de Lejía Neutrex. Una señorita disfrazada de la princesa Amidala aparece en una cocina donde unos señores intentan poner una lavadora. Luego, como si fuera el Arcángel San Gabriel, proclama: “Vengo del futuro a traeros la solución en blancura”.

Ante semejante aparición mariana, la pareja no se altera en absoluto. Antes al contrario, toman el bote de lejía con grandes sonrisas y lo echan a la lavadora, como si fuese lo más normal del mundo.

Semejante comportamiento nos lleva a una primera conclusión: Los anuncios de detergentes y las películas porno las hacen los mismos guionistas.

La segunda evidencia resulta más preocupante. Es cierto que alguien viene del futuro para traernos la solución en blancura. Pero, ¿quién viene? Pues una mujer.

En el futuro, según Neutrex, podrás teletransportarte, viajar en el tiempo y vestirte de “teletubbie”. Pero las mujeres seguirán siendo las que ponen la lavadora.

Si nos fiamos de los augurios de Neutrex, la marginación femenina será tan inamovible como eso que sufren las mujeres cada cuatro semanas y que les resulta tan molesto. Ya saben, eso tan desagradable que padecen una vez al mes y les pone de tan mal humor...

Me refiero, por supuesto, a firmar la nómina, que según el Instituto Nacional de Estadística, en España sigue siendo un 30 por ciento más baja, por el mismo trabajo, para ellas que para ellos.

Hay quien, ante estos datos, pone el grito en el cielo. Pocas familias pueden contarse en España que no consideren que la mujer debe ser retribuida igual que el hombre por el mismo trabajo. Exigirle al empresario, al político o al prójimo en general suele ser bastante sencillo.

Lo malo es que la brecha salarial ya se arrastra desde el propio hogar. La pasada semana, leyendo un estudio sociológico sobre el botellón en Galicia, descubrí que las adolescentes reciben un 30 por ciento menos de paga semanal que los adolescentes. Es decir, ya en las mismas familias, que a veces protestan, se considera enteramente normal que los chicos —sin duda más derrochadores—, tengan más dinero en el bolsillo que las chicas. Ellos, pensarán los padres, al fin y al cabo están obligados a invitar. Y ellas, a ser invitadas.

O sea, que en casa, en la comida, se comenta lo feo que está que las mujeres cobren menos. Y luego, el domingo, a la nena, se le da menos paga. Si yo fuera tía es que me echaba al monte, si no fuera porque me temo que incluso allí me encontraría la teletubbie que viene del futuro a traerme la lejía para la colada.

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