Andan encantados los paleontólogos de Atapuerca porque han encontrado un hacha de hace cuatrocientos mil años. Y es normal. Porque si te la compras en Leroy Merlin no te dura ni mil. Tras tanto hablar de la fiabilidad japonesa o alemana, la verdadera calidad hay que buscarla en los trogloditas. Si el hombre de las cavernas fabricaba un hacha, ésta se conservaba cuatro mil siglos, sin necesidad de sellarle la garantía. Y desde entonces, desde aquel oscuro albor de la Humanidad, todo ha ido a peor.
Cierto que Atapuerca debía ser la Nueva York del Paleolítico. Que por la cantidad de fósiles allí encontrados, aquello debía ser la meca de la Edad de Piedra. Y que debían llegar "homo habilis" de todo el mundo para ir de compras de abalorios y taparrabos, salir a cenar a un Mac Mut o acudir a la caverna a ver pinturas rupestres como hoy se va uno al Guggenhein o al MOMA.
Pero, aunque no lo parezca, algo ha cambiado en los últimos cuatrocientos mil años. Y es, fundamentalmente, la calidad. Porque en lo que te compras en la Nueva York de hoy sabes que no te durará ni diez años. Si es ropa, en un verano habrá pasado de moda. Y si es un artilugio tecnológico cascará antes de pasados cinco.
Por poner un ejemplo, mi compañía telefónica me llamó el pasado martes sugiriéndome cambiar de móvil. Lo que me lleva a pensar que mi teléfono se estropeará en los próximos días. Según supongo, los celulares son fabricados para que tengan una vida limitada, al objeto de que haya que comprar uno nuevo cada cierto tiempo. Una amiga me confirma que los electrodomésticos de gama blanca, como lavadoras, lavaplatos y neveras, son diseñados para que no duren más de diez años. A partir de entonces, comienzan a dar problemas.
Nos venden, por tanto, productos deliberadamente defectuosos. En sus tripas, habita una bomba de relojería. Y, en un tiempo más o menos fijo, compraremos otro, ya que las compañías se encargan de que el arreglo sea casi más caro que la sustitución.
A esto, en el Paleolítico, lo llamarían estafa. Y el troglodita se presentaría en casa del fabricante de puntas de flecha para poner el gruñido en el cielo.
Pero hoy, no. Actualmente, todo está permitido, si da beneficios. Y al igual que en Atapuerca puede encontrarse un hacha de hace cuatro mil siglos, o aún hoy podemos hallar una espada romana, veo difícil que dentro de doscientos años quede algún resto de un teléfono móvil. Vamos a peor, no hay duda. Está claro que, hoy en día, nadie aprobaría la ISO-400.000.
No hay comentarios:
Publicar un comentario