Ya decía muy bien Proudhon que la propiedad es un robo.
A mí, a este idiota, le guía esta máxima. Es una de las que siempre tengo, tiene, presentes.
La propiedad es un robo. Pero, si no lo fuera, ¿a quién pertenecería la propiedad?
a vueltas con el orbe hemos dado con una situación en la que una pregunta tan estúpida tiene sentido.
La propiedad es un robo. Y, en tal caso, ¿a quién pertenece la propiedad?
Hablo del estupendo caso de la empresa norteamericana Odissey, que ha desembarcado en su país no sé cuántos miles de toneladas de monedas de oro y plata, rescatadas por sus barcos de antiguos galeones españoles, hundidos vaya usted a saber dónde o cómo.
España se ha apresurado a reclamar el botín. Al parecer, cierta interpretación de las leyes del mar reza que, si el pecio descubierto, y explorado, por Odissey es de un país, a éste pertenece la mayor parte del botín.
Otra legislación, y hay muchas, afirma que el tesoro es de quien lo descubre y que ése se lo queda.
El litigio está así. Los tesoros ¿Son de las empresas estadounidenses que los descubren? ¿Son del país que daba pabellón al barco hundido descubierto? ¿O son del país de las aguas donde fue encontrado?
A nadie se le ocurre preguntar si no son también de los indios peruanos, los que queden, esos que echaron los españoles para abrir las minas de Potosí, con cuya plata se hicieron los lingotes por los que ahora litigamos.
Salud.
1 comentario:
Raro veo que los indios peruanos abrieran las minas de Potosó, ¿ no están en Bilivia?.
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