Cantaba Julián Hernández un lema llamativo: “Vigo es una nación y el Celta, su selección”. La frase, acuñada en los ochenta, se popularizó en pintadas callejeras y cuajó en toda una generación. Y, a riesgo de que me llamen localista, yo me siento vigués por encima de ninguna otra filiación sobre la Tierra.
Sin embargo, pese a que, cada cierto tiempo, se llama a los vigueses a manifestarse con la excusa de los muchos agravios, yo no estoy dispuesto a desfilar tras ninguna pancarta. No es del estilo vigués salir a la calle agitando banderitas en plan “Teruel existe”. Aquí la protesta fluye por otros cauces, siendo el principal que, cada cuatro años, castigamos a nuestros políticos municipales, demostrada caterva de incompetentes que, desde que tengo memoria, han exhibido su inepcia al frente del gobierno de la plaza do Rei.
Aquí no tenemos que salir a proclamar que Vigo existe, porque esto no es Teruel, una privilegiada capital de provincia que goza, por tanto, de prebendas como poseer diputación provincial, subdelegación del Gobierno, sucursal del Banco de España, delegaciones de todas las consellerías y ministerios, oficina de Tráfico, Audiencia provincial y otras instituciones que proporcionan poder, y puestos de trabajo.
Teruel, como Soria, en efecto no existen. Y, si les retirasen todos los privilegios de que gozan por ser capital de provincia, se convertirían en los pueblos que, efectivamente, son.
Vigo, por desgracia, es una gran ciudad, pero no una capital de provincia. Y sería estúpido andar proclamando su existencia, cuando es obvio no sólo que estamos aquí sino que, si no existiésemos, Galicia pasaría a ser una de las regiones más subdesarrolladas de Europa. Esta ciudad representa el 40 por ciento del PIB gallego y realiza más de la mitad de las exportaciones.
En la Transilvania rumana, hay zonas cuyo PIB estaría muy por encima del de Galicia, si Vigo no existiese.
Así que la fórmula de protesta debe ser otra. No queremos medias tintas, mientras nos marginan, rateando las inversiones en auditorios, puerto, autopista, peajes, tribunales, aviones o trenes.
¿Por qué pedir una capital de provincia cuando podemos ser una Comunidad Autónoma? Aunque parezca absurdo, sólo Vigo y su área metropolitana tienen más habitantes que Cantabria o que Navarra, por ejemplo. Y somos económicamente más fuertes.
Pero podemos ir aún más lejos. Pidamos que Vigo sea, no ya la nación que es, sino un Estado independiente. Porque cualquier objeción al respecto no será sino una excusa. ¿Acaso no son estados el Vaticano, San Marino o Mónaco, con menos habitantes?
Tenemos bandera y un himno, aunque tan horrísono como el español. Y podríamos también acuñar nuestra propia moneda, para acabar con la estafa del euro. El Celta, como el Mónaco, se asociaría a una liga cercana, y jugaría la portuguesa.
Si nos llaman “localistas”, nos dirán “nacionalistas”, que es más fino, y podríamos reclamar la “deuda histórica”.
Algún día, desde el monte Galiñeiro, esculpidas en piedra, las efigies de Cachamuiña y de Carolo, padres fundadores, en nuestra propia versión del monte Rushmore, contemplarán bajo sus pies, próspera y feliz, a Vigo, nuestra gran nación.
3 comentarios:
Hola, soy Mercedes otra vez: me da usted su permiso para ponerle entre mis interesantísimos????
Si?
Un paisano le decía, casi ofendido, a otro: "oiga yo soy pobre pero honrado"; el otro le responde: "ya, las desgracias nunca vienen solas".
Pues vaya, yo soy pobre pero honrado pero vigués.
De los de vitrasa para cualquier autobús( aunque esté en madrid), de los de jicho para cualquier sujeto, de los de faro para cualquier periódico, de los que van siempre a los sitios" por arriba" o" por abajo", de los que aún se asombran de que el resto de las ciudades no sean como San Francisco ¡ las hay llanas!.
En fin, que nunca vienen solas.
A no ser que un día se vaya la Citroen a otro sitio, empresa francesa, por cierto.
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